La teoría de la mente es un concepto de la psicología para estudiar cómo las personas interpretan que otras pueden tener información, creencias, deseos o emociones distintos de los propios. En el autismo se ha usado a veces para explicar diferencias de comunicación social; sin embargo, no es una medida de empatía, cariño ni interés por los demás, y no describe por sí sola a una persona.
Una limitación importante es mirar cada malentendido como un déficit del niño autista. El enfoque de la doble empatía propone considerar también las diferencias entre interlocutores: entenderse puede costar cuando las personas interpretan señales y estilos de comunicación distintos. Estudios de conversaciones entre personas autistas y no autistas han observado menor rapport en parejas mixtas que en parejas del mismo neurotipo, aunque estos resultados no permiten generalizar a todas las relaciones ni a todos los contextos.
Qué puede significar en la vida cotidiana
En una situación concreta, alguien puede no saber que otra persona desconoce un dato, entender una frase de forma literal o no reconocer una indirecta. También puede captar muy bien los estados de ánimo de algunas personas y tener dificultades en otros contextos. La mirada, el tono de voz o las expresiones faciales no son señales universales; no conviene concluir que una persona no siente empatía porque no las interpreta o no las muestra de la manera esperada.
Ante un conflicto, separa los hechos de las interpretaciones. En vez de “lo hiciste para molestar”, prueba: “Cuando cogiste el juguete sin preguntar, tu hermana se enfadó. ¿Qué querías que pasara?”. Escucha su respuesta y explica también la perspectiva de la otra persona sin exigir que adivine ni que esté de acuerdo.
Apoyar la comprensión mutua sin enseñar a enmascarar
- Di lo que necesitas con claridad. Sustituye las indirectas por mensajes concretos y comprueba si se entendieron. La comunicación es responsabilidad compartida, no solo del niño.
- Explica perspectivas como posibilidades. Puedes decir “quizá pensó que el juego había terminado; preguntémosle”, en vez de presentarlo como una lectura segura de su mente.
- Usa ejemplos reales y voluntarios. Después de un momento tranquilo, repasad qué sabía cada persona, qué quería y qué podría preguntar la próxima vez. Para algunas familias ayudan dibujos, escritura u otros apoyos visuales; adapta el formato y para si se vuelve un examen.
- Enseña acuerdos y límites en ambas direcciones. Practicar cómo preguntar, aclarar un malentendido o reparar puede ser útil; no debe implicar forzar contacto visual, suprimir movimientos, ocultar rasgos autistas o aceptar situaciones incómodas para parecer “normal”.
- Prioriza acceso a la comunicación. Si hablar, procesar instrucciones o responder deprisa resulta difícil, da tiempo y permite otros medios para expresarse. Aquí puedes ampliar sobre comunicación aumentativa y alternativa (CAA).
Si hay saturación intensa, pospón la conversación: primero seguridad, menos demandas y el apoyo que la persona acepte. Esta guía explica meltdowns y shutdowns. Para anticipar situaciones nuevas, pueden servir apoyos visuales y anticipadores. También puedes leer sobre el problema de la doble empatía.
Una meta más útil que “acertar lo que piensa el otro”
En lugar de entrenar al niño para adivinar reglas sociales implícitas, podemos hacer explícita la información, preguntar en vez de suponer y aprender a reparar juntos. El objetivo es que todas las personas puedan comunicarse, poner límites y sentirse comprendidas, conservando su forma propia de relacionarse.
Fuentes para ampliar
- Crompton y colaboradores (2020): correspondencia de neurotipo y rapport interpersonal.
- Chapple y colaboradores (2021): comprensión mutua en conversaciones entre personas autistas y no autistas.
Susana Ariza Cantero – Coach en Neurodiversidad y Divulgadora de Autismo.


Deja una respuesta