Cuando escuchas por primera vez “tu hijo es nivel 2” o “nivel 3”, es muy difícil que eso no te sacuda por dentro. Y si te dicen “nivel 1”, a veces tampoco te calma, porque la realidad del día a día puede ser intensa igualmente. Por eso hoy quiero explicarte con claridad qué significan los niveles de apoyo en el autismo, qué NO significan, y cómo usarlos para pedir apoyos reales sin convertirlos en una etiqueta que pesa.
Porque una cosa es un término clínico… y otra muy distinta es lo que tú vives: la incertidumbre, el miedo al futuro, y esa necesidad tan humana de entender “qué va a pasar”.
Por qué los “niveles” pueden asustar (y cómo mirarlos con calma)
Muchas familias reciben el diagnóstico como un mapa incompleto: te dan un nombre, un nivel, un informe… y te quedas igual o más confundida. Es normal. A veces, los niveles se sienten como si fueran un “ranking” o una sentencia sobre el futuro. Y no lo son.
Lo primero que quiero que te lleves es esto: los niveles no describen el valor de tu hijo, ni su potencial, ni quién es. Son una forma (imperfecta) de resumir cuánta ayuda necesita una persona en este momento para funcionar con bienestar, especialmente en comunicación social y flexibilidad/rigidez.
Y aún más importante: no existe un autismo “más” o “menos” en términos de persona. Existe un sistema nervioso con unas necesidades concretas y un entorno que puede facilitar… o puede desbordar.
Qué son los niveles de apoyo en el autismo según el DSM-5
Hace años se hablaba de “grados” o de etiquetas antiguas que separaban perfiles como si fueran cajones. Con el DSM-5 (2013), esa idea cambia y se habla de niveles de apoyo. El enfoque intenta ser más realista: no te dice “cuánto autismo hay”, sino cuánta ayuda necesita la persona para moverse por el mundo.
En la práctica, el DSM-5 propone tres niveles:
- Nivel 1: necesita apoyo
- Nivel 2: necesita apoyo notable
- Nivel 3: necesita apoyo muy notable
Pero aquí viene la parte que muchas veces no se explica bien: una misma persona puede necesitar distintos niveles de apoyo según el área y según el contexto. No es lo mismo casa que colegio. No es lo mismo un día tranquilo que una semana de cambios. No es lo mismo con sueño que con sobrecarga. Por eso, usar el nivel como etiqueta rígida suele hacer más daño que ayuda.
Los 3 niveles de apoyo (con ejemplos reales)
Voy a explicarlos con un lenguaje de “vida real”, pensando en lo que tú necesitas comprender para acompañar mejor.
Nivel 1: necesita apoyo
En este nivel, la persona suele poder manejar muchas cosas con cierta autonomía, pero hay dificultades claras en comunicación social y flexibilidad que impactan en el día a día, sobre todo cuando el entorno es exigente o poco predecible.
Puede verse así:
- Habla con fluidez, pero le cuesta la comunicación social “sutil”: ironías, dobles sentidos, normas implícitas.
- Puede parecer “muy capaz” por fuera y, aun así, agotarse por dentro por el esfuerzo social.
- Le cuesta iniciar conversaciones, sostenerlas o interpretar gestos/expresiones.
- Puede tener intereses muy intensos o rigidez con rutinas.
- Los cambios le desregulan, aunque a veces lo “aguante” hasta que explota en casa.
Ejemplo: una persona puede trabajar o estudiar, pero necesitar apoyo para gestionar imprevistos, entender dinámicas sociales o recuperarse del desgaste. A veces el apoyo no es “hacer por él”, sino ajustar demandas, anticipar, y enseñar estrategias.
Nivel 2: necesita apoyo notable
Aquí las dificultades son más visibles y constantes. La persona suele necesitar apoyo regular y estructurado para manejar comunicación, cambios y demandas diarias. No porque no pueda aprender, sino porque el coste interno es alto y la regulación se complica.
Puede verse así:
- La comunicación verbal puede ser más limitada o más literal; puede costar sostener conversación.
- La comunicación no verbal (mirada, gestos, turnos) puede ser difícil de interpretar o usar.
- La rigidez es mayor: los cambios se viven como amenaza real.
- Las conductas repetitivas o intereses restringidos interfieren con la adaptación cotidiana.
- La sobrecarga sensorial o emocional aparece con facilidad y requiere apoyo para volver a la calma.
Ejemplo: un niño que habla en frases cortas y necesita un adulto que estructure la jornada: anticipación visual, pausas, apoyo para transiciones, ayuda para pedir “descanso” antes de llegar a crisis. Si te suena esto, te puede ayudar leer también este post sobre por qué a veces se desregula tanto y qué cambia cuando el entorno se ajusta.
Nivel 3: necesita apoyo muy notable
En nivel 3, la necesidad de apoyo suele ser intensa y constante. Las dificultades en comunicación, flexibilidad y regulación afectan de forma marcada la vida diaria, y la persona necesita acompañamiento continuo para estar segura, comunicarse y participar.
Puede verse así:
- Puede ser no hablante o tener lenguaje muy limitado, y necesitar CAA para comunicarse (pictogramas, comunicadores, tablet, gestos, sistemas alternativos).
- Los cambios suelen generar mucha angustia y crisis frecuentes si no hay apoyos.
- La sensibilidad sensorial puede ser muy intensa, con sobrecarga rápida.
- Puede necesitar ayuda para actividades básicas: higiene, alimentación, vestido, planificación del día.
Ejemplo: una persona puede necesitar supervisión y apoyos constantes para expresar necesidades y sentirse segura. En estos casos, la CAA no es “un extra”, es una puerta. Si te interesa, aquí tienes un recurso práctico sobre AsTeRICS Grid, un comunicador por pictogramas.
Lo más importante: el autismo no es una escala lineal
Esto es clave y ojalá te lo hubieran dicho desde el minuto uno: el autismo no funciona como una línea del 1 al 10. No hay un “más” o “menos” que lo explique todo.
Una misma persona puede ser:
- muy competente en memoria o lenguaje… y necesitar mucho apoyo en regulación emocional,
- autónoma en casa… y desbordarse en el cole por el ruido, la demanda social y la falta de pausas,
- capaz de “aguantar” todo el día… y colapsar al llegar a casa (lo que muchas familias viven como crisis repetidas).
Por eso, cuando alguien te diga “es nivel 1” o “es nivel 2”, la pregunta útil no es “¿cuánto de autista es?”, sino: ¿en qué áreas necesita apoyo y qué apoyos concretos le ayudan?
¿Se puede “cambiar de nivel”?
La respuesta real es: sí, puede cambiar la necesidad de apoyo, pero no porque el autismo desaparezca, sino porque cambian las condiciones.
Puede cambiar porque:
- la persona aprende habilidades y estrategias con el tiempo,
- el entorno se vuelve más accesible (ajustes, apoyos, anticipación),
- o al revés: aumenta el estrés, la ansiedad, la demanda escolar, la sobrecarga sensorial o la falta de sueño.
Hay etapas en las que todo encaja mejor… y otras en las que el sistema nervioso se satura. Por eso es tan importante entender fenómenos como meltdown, shutdown y burnout: no son “retrocesos”, muchas veces son señales de que se ha pedido demasiado durante demasiado tiempo.
Si quieres profundizar justo en esa duda tan común (“¿puede pasar de nivel 2 a nivel 1?”), aquí tienes un post específico: ¿Puede un niño pasar de nivel 2 a nivel 1 en el autismo?
Cómo usar los niveles para conseguir apoyos reales (sin obsesionarse)
Esta parte es la que más ayuda en el día a día: convertir el “nivel” en un plan práctico.
En lugar de quedarte con “nivel 2”, prueba a traducirlo a preguntas concretas:
- Comunicación: ¿cómo se comunica mejor? ¿qué necesita para entender y para expresar?
- Regulación: ¿qué señales de sobrecarga vemos antes de la crisis? ¿qué ayuda a volver a la calma?
- Flexibilidad: ¿qué cambios son los más difíciles? ¿qué anticipación funciona?
- Sensorial: ¿qué estímulos disparan malestar (ruido, luz, textura, multitudes)?
- Autonomía: ¿qué puede hacer solo y qué necesita desglosado paso a paso?
Cuando tú tienes estas respuestas, el nivel deja de ser un número que asusta y se convierte en una guía para pedir apoyos con sentido.
Qué decir en el cole o en informes (frases que ayudan)
A veces el problema no es que “no haya recursos”, sino que lo que se pide está demasiado general. Aquí tienes frases que suelen ayudar porque son concretas:
- “Necesita anticipación visual y avisos de transición para reducir ansiedad.”
- “Requiere pausas sensoriales programadas para prevenir sobrecarga.”
- “Necesita apoyo para comunicación funcional (pedir ayuda, pedir pausa, decir ‘no puedo’).”
- “Los cambios inesperados aumentan la desregulación; funciona mejor con estructura y previsibilidad.”
- “No es un problema de conducta: es una señal de desbordamiento. Priorizar co-regulación.”
Y si tienes que resumirlo en una sola idea: no buscamos que el niño “encaje” a base de aguantar, sino que participe con apoyos para no romperse.
Cierre
Ojalá este post te quite un poco de peso de encima. Los niveles pueden orientar, sí, pero no son una etiqueta cerrada ni una profecía. Tu hijo no “es un nivel”: tu hijo es una persona completa, con fortalezas, necesidades, momentos buenos y momentos difíciles.
Y me gustaría que te quedaras con esto: el objetivo no es “bajar de nivel”, sino subir en bienestar. Y eso pasa cuando el entorno entiende, respeta y sostiene.
Ahora te leo: ¿te han dicho alguna vez un nivel que te dejó con miedo o con dudas? ¿En qué área sientes que tu hijo necesita más apoyo hoy? Y para cerrar con una idea clara, recuerda que los niveles de apoyo en el autismo tienen sentido cuando se traducen en apoyos concretos, no cuando se usan como etiquetas.


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