Si has llegado aquí buscando por qué mi hijo se muerde la manga, el cuello de la camiseta o incluso las sábanas… probablemente estás cansada de remendar puños, de oír comentarios (“eso es manía”, “se lo permites”) y, sobre todo, de no saber si estás haciendo algo mal. Respira: en la mayoría de casos no es falta de límites ni un “vicio”. Es una forma de autorregularse cuando el cuerpo va pasado de vueltas o cuando necesita un tipo de sensación muy concreta.
Si te preguntas por qué mi hijo se muerde la manga, lo más importante es mirar qué necesita su sistema nervioso en ese momento, no solo la conducta.
Este post no va de “quitarle la conducta a toda costa”. Va de entender qué está pidiendo cuando lleva todo a la boca y de ofrecerle alternativas seguras para que no tenga que destrozar ropa (ni hacerse daño) para calmarse.
Por qué mi hijo se muerde la manga: no es un “vicio”, es un mensaje del sistema nervioso
Muchos niños autistas usan la boca como herramienta de regulación: morder, chupar, apretar, buscar presión en mandíbula… Igual que hay quien se muerde las uñas cuando está nervioso o aprieta un bolígrafo en reuniones. La diferencia es que, en algunos peques, esa necesidad es más intensa y más constante.
La clave es esta: si algo le funciona para calmarse, lo repetirá. Y si lo único “a mano” es la manga, el cuello o la sábana… pues eso será lo que use.
1. Olla a presión sensorial
Imagina el sistema nervioso de tu peque como una olla exprés: acumula ruido, luces, cambios, demandas, emociones, esperas… y necesita una “válvula” para no explotar. Morder tela a veces es ese pssshhh que libera presión y le ayuda a volver a un punto más estable.
Por eso suele pasar más:
- después del cole o de una salida larga,
- en días con cambios o mucha gente,
- cuando está cansado, hambriento o con sueño,
- cuando hay incertidumbre (“no sé qué toca ahora”).
Si te suena, te puede ayudar entender mejor la desregulación: por qué mi hijo autista se desregula tanto (6 claves).
2. La boca como “panel de mandos”
La boca es un auténtico panel de control: ahí se perciben texturas, presión, temperatura, movimiento… y esa información llega fuerte al sistema nervioso. Para algunos niños, morder les da un mensaje interno de “estoy aquí”, “mi cuerpo se siente”, “estoy a salvo”.
Por eso, cuando le quitamos la manga sin ofrecer nada a cambio, a veces vemos más tensión: no le estamos quitando “una manía”, le estamos quitando su herramienta.
3. Semáforo sensorial (para entender el momento)
Te dejo un semáforo sencillo para situarte, sin tecnicismos:
- 🟢 Verde (regulación): está accesible, juega, responde. La mordida puede aparecer como hábito, pero no hay tensión fuerte.
- 🟡 Ámbar (alerta): empieza a estar irritable o inquieto. Aquí suelen subir las mordidas: manga, cuello, sábana, lápiz, juguetes…
- 🔴 Rojo (sobrecarga): ya está desbordado. Puede haber llanto, gritos, huida, rigidez, autoagresión o desconexión. En rojo no se “enseña”: se protege y se baja activación.
Este semáforo te ayuda a hacerte una pregunta clave: ¿mi hijo está buscando sensación (ámbar) o está colapsando (rojo)? La respuesta cambia lo que hacemos.
4. Un ejemplo real (y qué cambió cuando se entendió)
“Dani” (12 años) muerde los puños de todas sus sudaderas y, por la noche, mastica la sábana hasta dormirse. La familia lo veía como un problema de ropa… hasta que observaron el patrón: aumentaba en días ruidosos o cuando cambiaba la rutina.
¿Qué ayudó?
- Bajar presión al llegar a casa: menos preguntas, menos prisa, un rato de descompresión.
- Ofrecer una alternativa clara (siempre la misma, siempre disponible) en los momentos “ámbar”.
- Anticipar lo que venía después (merienda, ducha, cena), para reducir incertidumbre.
Cuando el sistema nervioso dejó de ir tan al límite, la mordida bajó. No porque “aprendiera a portarse”, sino porque ya no necesitaba tanto esa válvula.
5. Qué puede estar disparando las mordidas
No siempre hay una sola causa. A veces se mezclan. Estas son las más habituales:
- Búsqueda sensorial oral: necesita presión en encías y mandíbula (apretar, morder, chupar).
- Ansiedad o sobrecarga: la mordida aparece cuando el entorno “pesa” demasiado.
- Dolor o malestar interno: encías, caries, dolor de muelas, reflujo, gases, estreñimiento. Cuando duele y no se sabe expresar, el cuerpo busca regulación como puede.
- Dificultad para comunicar necesidades: no puede decir “necesito parar”, “me molesta”, “tengo miedo”, “me duele”.
- Hábito reforzado: como funciona tan bien, se vuelve automático (sobre todo en transiciones o esperas).
Entender por qué mi hijo se muerde la manga suele ser más fácil cuando observas el patrón: cuándo ocurre, qué pasó justo antes y qué consigue su cuerpo al morder.
Mini-check útil: si la mordida aparece sobre todo en momentos sociales, con ruido o demandas, suele ser más “regulación por estrés”. Si aparece siempre, incluso en calma, suele ser más “búsqueda oral” (o malestar físico). Si aparece de noche, conviene mirar también sueño, ansiedad y digestivo.
6. Qué hacer en casa (paso a paso, sin castigo)
Aquí está la parte práctica. Te propongo un plan que no exige “mil cosas”, pero sí coherencia:
Paso 1: Observa sin juzgar (una semana)
- ¿Cuándo muerde más? (cole, deberes, pantallas, visitas, antes de dormir…)
- ¿Qué pasó justo antes? (ruido, cambio, espera, no entendido, hambre…)
- ¿Qué consigue al morder? (se calma, se centra, se aísla, evita…)
Con esta información, dejas de actuar a ciegas.
Paso 2: Baja carga en los “momentos ámbar”
Si ya sabes que a la salida del cole está en ámbar, no metas una conversación larga ni una exigencia difícil justo ahí. Primero descompresión: agua, merienda, silencio, un rato de baja demanda.
Cuando baja la presión, baja la necesidad de morder.
Paso 3: Redirige sin regañar
La frase que suele funcionar mejor es corta y neutra:
- “La manga no. Aquí sí.”
- “Veo que necesitas morder. Toma.”
Y se lo ofreces (sin enfado). La clave no es el discurso: es que tu hijo aprenda “cuando mi boca pide, tengo una opción segura”.
Paso 4: Refuerza la alternativa (no la lucha)
- Refuerzo sencillo: “Bien pedido”, “Gracias por usarlo”, “Eso te ayuda”.
- No refuerzo la pelea: si cada vez que muerde hay bronca, le das más estrés… y más motivo para morder.
Si además hay explosiones cuando le dices que no, puede interesarte trabajar frustración desde la regulación: cómo trabajar la tolerancia a la frustración en niños autistas.
7. Alternativas seguras para morder
Sin entrar en compras concretas (porque cada familia elige), lo importante es que la alternativa cumpla esto:
- Sea segura (material apto para mordida, sin piezas pequeñas).
- Sea accesible (a mano en los momentos clave: mochila, salón, cama).
- Sea aceptable (si no le gusta, no la usará; hay que probar).
- Sea específica: “esto es para morder” (no vale cualquier juguete si se rompe o suelta trozos).
Y un detalle que cambia mucho: a algunos peques les calma más la presión fuerte (mordida dura) y a otros una mordida más suave y constante. Si le das algo que no “encaja” con su necesidad, lo rechazará y volverá a la manga.
Seguridad importante: si muerde con mucha fuerza, rompe telas o se lleva fibras a la boca, prioriza alternativas resistentes y supervisa. Y si hay autolesiones (morderse a sí mismo), conviene acompañarlo con profesionales para que no se cronifique. Este post te puede orientar si hay conductas de golpearse o tirarse al suelo cuando el cuerpo busca sensación: la propiocepción en el autismo lo explica.
8. Comunicación: darle palabras (o pictos) al cuerpo
Muchas mordidas bajan cuando el niño puede expresar “lo que me pasa”. No hace falta que sea con habla. Puede ser con:
- un gesto (señalar “morder” o “descanso”),
- una tarjeta (“ruido”, “me duele”, “pausa”),
- pictogramas en un llavero o en la nevera,
- una frase corta si habla (“necesito morder”, “necesito parar”).
La idea es preciosa y muy práctica: pasar de “muerdo porque no sé” a “pido porque puedo”.
9. Cuándo consultar (dental, digestivo, TO, logopedia)
Aunque muchas mordidas son sensoriales, merece la pena descartar causas físicas si:
- la mordida aparece de golpe cuando antes no estaba,
- hay dolor, babas nuevas, mal aliento, rechazo a cepillado,
- hay mordida nocturna muy intensa,
- hay arcadas, reflujo, estreñimiento o malestar digestivo claro,
- se muerde a sí mismo (labios, manos) o se hace herida.
¿Quién puede ayudar?
- Dentista/pediatra: para revisar encías, caries, dolor.
- Terapeuta ocupacional: si hay base sensorial y necesidad oral fuerte.
- Logopeda: si hay dificultades orofaciales, masticación o tono.
No es “medicalizar” la conducta. Es cuidar: si hay dolor o malestar, ninguna estrategia conductual lo resuelve.
Cierre
Cuando un niño muerde la manga, el cuello o las sábanas, muchas veces no está “haciendo algo mal”: está intentando sobrevivir a su propia activación con las herramientas que tiene. Nuestra misión no es arrancarle su salvavidas: es enseñarle otras formas más seguras de regularse, y ajustar el entorno para que no viva siempre en ámbar.
Cuando identificas por qué mi hijo se muerde la manga, puedes ofrecer una alternativa segura y reducir la necesidad de que recurra a la ropa para regularse.
Y si necesitas una frase para quedarte con lo esencial: por qué mi hijo se muerde la manga casi nunca se responde con “límites”, y casi siempre se responde con “necesidad”.
Si te apetece, cuéntame en comentarios: ¿cuándo muerde más (salida del cole, deberes, pantallas, cambios, noche)? ¿Y qué es lo que más muerde: manga, cuello, sábanas, lápices? Con esos dos datos es más fácil darte ideas ajustadas a vuestro caso.


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