Si has llegado hasta aquí… gracias. De verdad.
Hay días en los que escribes un post y ya está.
Y hay días como hoy, que me cuesta hasta empezar porque se me hace un nudo en la garganta.
Porque hoy no vengo a “publicar”.
Hoy vengo a cerrar un año contigo. A mirarnos un momento y decir: lo hemos hecho.
Y si tú estás leyendo esto, aunque sea en silencio, aunque nunca hayas comentado… también has sido parte. Porque este blog no se sostiene solo con palabras: se sostiene con familias al otro lado que lo leen cuando pueden, en ratos robados, con un café frío, con el móvil en una mano y la cabeza llena.
Te veo cuando te levantas sin ganas, pero te levantas.
Te veo cuando haces la rutina como puedes, aunque ya no te quede energía ni para pensar.
Te veo cuando te muerdes la lengua para no llorar delante de tu hijo.
Te veo cuando te quedas en silencio en el baño, respirando, porque si no… te rompes.
Te veo cuando el mundo te dice “pon límites” como si fuera así de fácil.
Te veo cuando escuchas opiniones de gente que no ha vivido ni un solo día dentro de tu casa.
Y te veo también cuando haces algo enorme sin darte cuenta: seguir queriendo incluso en los días feos.
Antes de agosto: os escuché (de verdad)
Hasta agosto este blog fue una cosa muy clara: escuchar.
Escuchar lo que me ibais pidiendo.
Escuchar lo que os estaba doliendo por dentro.
Escuchar las preguntas que nadie responde bien.
Escuchar esas frases que se repiten en miles de casas:
“¿Esto es normal?”
“¿Lo estoy haciendo mal?”
“¿Cómo gestiono esto sin romperme yo?”
“¿Qué hago cuando ya no puedo más?”
Y así, día tras día, fuimos hablando de todo lo que las familias necesitáis para sobrevivir al día a día: de rutinas, de alimentación, de crisis, de comportamientos, de medicación… sí, pero también de mil cosas más. De todo lo que me pedíais. De lo que os estaba pasando en casa. De lo que de verdad importa cuando se apaga el ruido de fuera y te quedas con tu realidad.
Yo lo recuerdo como un tramo de entrega total.
De escribir con amor, con pasión… y muchas veces con el corazón apretado, porque cuando una madre o un padre te cuenta algo, eso se te queda dentro. Y yo no quería despachar nada con frases vacías. Quería estar a la altura.
Y a partir de septiembre… nos metimos en profundidad
Y entonces llegó septiembre. Y con septiembre, llegó ese giro bonito: dejar de ir “apagando fuegos” tema a tema, y entrar en un ciclo profundo, con intención, con estructura.
Cuatro meses. Cuatro pilares. Cuatro temas que, si los entiendes de verdad, te cambian la vida en casa.
Septiembre: Integración sensorial
Porque muchas veces la clave no está en “conducta”, está en el cuerpo. En cómo siente. En cómo procesa. En lo que le molesta, le duele, le desborda o le calma… aunque no lo sepa explicar.
Octubre: La mente autista
Porque cuando entiendes cómo funciona por dentro, dejan de parecer “caprichos”. Y empiezas a ver lógica donde antes solo veías caos.
Noviembre: Comunicación autista
Porque la comunicación no es solo hablar. Es expresar, entender, conectar, pedir ayuda, decir “no puedo”, decir “basta”, decir “me duele”, decir “necesito”. Y cuando eso se abre, cambia todo.
Diciembre: Felicidad autista
Porque ya está bien de vivir solo desde el miedo y la supervivencia. También merecemos hablar de bienestar real, de una vida que tenga sentido para ellos, de calma, de disfrute, de pertenencia, de dignidad.
Y con estos cuatro meses… se cierra el ciclo.
No porque se acabe nada.
Sino porque lo que venía a construir este año, ya está puesto encima de la mesa con cuerpo y con alma.
Gracias (de corazón)
Y ahora quiero dar las gracias.
Gracias por cada mensaje de agradecimiento.
Gracias por cada mensaje que me ha dicho que le he ayudado.
Gracias por cada madre y cada padre que me ha escrito diciéndome que ahora su vida es mejor, más tranquila… que entienden más cosas… que en su casa ha cambiado la forma de mirar a su hijo.
Eso es mi gasolina.
Mil gracias por estar ahí.
Ahora sí: merecido descanso
Y por eso, precisamente por eso… ahora vamos a parar.
Vamos a tomarnos un merecido descanso.
Pero no quiero que esto suene a “me voy y ya”.
No.
Quiero que te quedes con esta sensación:
esto no se termina. Se transforma.
Porque la vuelta no va a ser “volver por volver”.
La vuelta va a ser con algo muy especial. Algo que llevo tiempo preparando, pensando, ordenando. Algo que quiero que os sirva de verdad, en casa, en el día a día, sin complicaciones.
Hoy solo te pido una cosa: quédate cerca.
Y antes de cerrar… te pregunto
De corazón:
¿Qué te llevas de este año?
¿Qué tema, qué mes, qué idea te ha ayudado más… aunque sea un poquito?
Si te apetece, cuéntamelo en comentarios.
Y si hoy no tienes fuerzas para escribir, déjame aunque sea un 💛 o un “me gusta”.
Porque a veces, con eso, yo ya sé que merece la pena seguir. ♾️💛


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