Historias sociales: Cómo crearlas para apoyar a personas autistas

Las historias sociales son una de esas herramientas que, cuando están bien hechas, pueden bajar muchísimo la ansiedad, mejorar la comprensión de situaciones nuevas y dar seguridad en el día a día. No son “cuentos para portarse bien” ni una forma de imponer normas: son una manera clara y respetuosa de explicar qué va a pasar, por qué pasa y qué puede hacer la persona para sentirse más preparada.

En este post te explico cómo crearlas paso a paso, con ejemplos listos para usar y adaptaciones según el nivel de comprensión (texto, pictogramas o fotos reales). La idea es que puedas usarlas en casa o en el aula sin complicarte, y sin convertirlas en una tarea pesada.

Qué son las historias sociales y para qué sirven

Una historia social es un relato corto y estructurado que describe una situación concreta de forma sencilla, predecible y adaptada a la persona que la va a leer. Su objetivo es ayudar a comprender una situación y anticipar lo que puede ocurrir, incluyendo expectativas, normas y opciones de respuesta.

Las historias sociales pueden ayudar, por ejemplo, para:

  • Preparar situaciones nuevas: visita al médico, viaje, excursión, cambio de rutina.
  • Explicar normas sociales: saludar, pedir ayuda, esperar turno, respetar espacio personal.
  • Anticipar eventos que generan ansiedad: cumpleaños, teatro, cambio de profe, revisión dental.
  • Reforzar autonomía: lavarse manos, vestirse, ir al baño, recoger materiales.
  • Dar lenguaje para pedir una pausa: “necesito parar”, “demasiado ruido”, “quiero irme”.

Antes de empezar: cuándo ayudan y cuándo no

Las historias sociales funcionan mejor cuando el objetivo es comprender y anticipar. Es decir: cuando el problema principal es “no sé qué va a pasar” o “no entiendo qué se espera de mí”.

En cambio, si el niño está desregulado o en plena crisis, no es el momento de leerla. En ese instante necesita calma, seguridad y bajar activación. La historia se trabaja antes, en momentos tranquilos, para que luego pueda recordarla (o tú puedas recordársela con una frase clave).

Piensa en la historia como un “mapa”. Nadie puede leer un mapa mientras se está cayendo por un barranco. Primero te sujetas. Luego miras el mapa.

Paso a paso para crear una historia social efectiva

1) Elige una situación concreta

No empieces con algo enorme (“portarse bien en el cole”). Cuanto más concreta sea la situación, más útil será la historia.

  • “Cuando vamos al dentista”.
  • “Cuando suena el timbre de clase”.
  • “Cuando alguien me dice que no”.
  • “Cuando toca recoger y cambiar de actividad”.

Truco: si hay muchas dificultades, elige la que ocurre más veces a la semana o la que más estrés os genera.

2) Define el objetivo (qué quieres que entienda)

Una historia social no busca “obediencia”. Busca comprensión. Pregúntate:

  • ¿Qué parte no entiende?
  • ¿Qué le da miedo o le descoloca?
  • ¿Qué información le falta para sentirse seguro?
  • ¿Qué opciones reales puede tener para pedir ayuda?

3) Recoge información real

Antes de escribir, observa (o pregunta en el cole) detalles concretos: cuánto dura, quién está, qué ruidos hay, qué pasos se repiten, qué cosas suelen ser difíciles. Cuanta más realidad, más útil y menos “cuento”.

4) Escribe en tono calmado, claro y positivo

El lenguaje tiene que ser sencillo. Evita amenazas o frases duras. Y evita también “deberías” por todas partes. Mejor explicar lo que pasa y ofrecer una guía amable.

Ejemplo: en lugar de “No te muevas en la silla”, suele funcionar mejor “En la silla del dentista puedo intentar quedarme quieto para que revisen mis dientes. Si necesito un descanso, puedo levantar la mano”.

5) Elige si será en primera o tercera persona

  • Primera persona: “Cuando voy al dentista, primero espero…”
  • Tercera persona: “Marcos va al dentista. Primero espera…”

No hay una opción “mejor” siempre. Algunas familias ven que primera persona conecta más; otras prefieren tercera persona porque suena menos exigente. Prueba.

6) Añade apoyo visual (si le ayuda)

Dependiendo del niño, puedes usar:

  • Pictogramas (cuando comprende bien símbolos).
  • Fotos reales (cuando necesita ver lo exacto: su dentista, su aula, su baño).
  • Dibujos sencillos (si le gustan los dibujos y le resultan claros).

Si con pictogramas se lía, no insistas: cambia a fotos reales. Lo importante no es “usar pictos”, sino que la historia sea accesible.

Cómo adaptarla según el nivel de comprensión

Aquí es donde muchas historias fallan: están “bien escritas”, pero no son para ese niño. Ajusta sin culpa:

  • Si sabe leer: frases cortas, vocabulario simple, párrafos muy pequeños.
  • Si no lee pero entiende imágenes: una frase + un pictograma/foto por idea.
  • Si necesita máxima concreción: fotos reales, pasos muy desglosados, pocas opciones.
  • Si lo visual no le ayuda tanto: cuenta la historia oralmente, dramatízala o haz un “ensayo” en juego.

Y recuerda algo importante: a veces el problema no es comprender, es tolerar. Hay niños que entienden perfectamente, pero el cuerpo se desregula igual. En esos casos, la historia debe incluir también estrategias de calma y opciones de pausa.

Tipos de frases que hacen que funcione

Una historia social suele ser más efectiva cuando mezcla varios tipos de frases:

Frases descriptivas

Explican la situación de forma objetiva y tranquila.

  • “El dentista revisa mis dientes para que estén sanos.”
  • “En la sala de espera hay sillas y otras personas.”

Frases de perspectiva

Ayudan a entender lo que pueden sentir o pensar los demás (sin moralina).

  • “El dentista quiere ayudarme.”
  • “Mamá puede estar cerca para acompañarme.”

Frases directivas (mejor en forma de opciones)

Ofrecen una guía de lo que puedo hacer, sin sonar a orden militar.

  • “Puedo respirar despacio.”
  • “Puedo apretar mi pelota antiestrés.”
  • “Si necesito parar, puedo levantar la mano.”

Frases de control (opcionales)

Son “mantras” sencillos que el niño puede recordar.

  • “Respiro despacio y espero.”
  • “Puedo pedir ayuda.”

Ejemplos listos para usar

Ejemplo 1: “Voy al dentista” (versión corta)

  • Mañana voy al dentista.
  • El dentista revisa mis dientes para que estén sanos.
  • Cuando llego, espero mi turno en la sala de espera.
  • Después, el dentista me llama y me siento en la silla.
  • Puede haber luces y sonidos. Eso puede molestarme.
  • Puedo respirar despacio y mirar a mamá/papá si lo necesito.
  • Si necesito un descanso, puedo levantar la mano.
  • Cuando termine, habré hecho algo importante por mi salud.

Ejemplo 2: “Cuando me dicen que NO”

  • A veces quiero algo y los adultos me dicen que no.
  • Cuando me dicen que no, puedo sentir enfado o tristeza.
  • Mi cuerpo puede querer gritar o golpear. Eso significa que me cuesta esperar.
  • Puedo decir: “estoy enfadado” o “necesito parar”.
  • Puedo respirar, apretar un cojín o ir a un rincón tranquilo.
  • Si necesito ayuda, puedo pedirla.
  • Cuando me calmo, puedo intentar otra opción.

Ejemplo 3: “Cambiar de actividad”

  • En casa y en el cole a veces hay que cambiar de actividad.
  • Cambiar puede costarme porque estaba concentrado.
  • Cuando me avisan con tiempo, me siento más seguro.
  • Puedo terminar una cosa pequeña (una última pieza, una última página).
  • Después guardo y voy a la siguiente actividad.
  • Si me cuesta, puedo pedir ayuda para el cambio.

Errores comunes y cómo evitarlos

  • Hacerla demasiado larga: mejor 6–10 frases claras que 30 frases que nadie sostiene.
  • Convertirla en sermón: si suena a regañina, el niño se desconecta.
  • Usar lenguaje negativo: “no hagas” todo el rato. Mejor “puedo hacer…” y “me ayuda…”.
  • No incluir opción de pausa: “si necesito parar, puedo…” evita escaladas.
  • Usarla solo cuando ya está mal: se trabaja antes, en calma.
  • No adaptarla: si no la entiende, cambia el formato (fotos, pictos, menos texto).

Cómo introducirla sin que se convierta en una “tarea”

Esto marca la diferencia:

  • Momento tranquilo: después de merendar, antes de dormir, o en un rato de calma.
  • Repetición suave: leerla varios días antes del evento, sin presión.
  • Unirla a intereses: si le gustan trenes, dinos, animales… puedes “vestir” la historia con ese estilo.
  • Ensayo en juego: representar la escena con muñecos o role-play corto.
  • Revisar después: “¿qué parte fue fácil? ¿qué parte fue difícil?” (sin juicio).

Y algo muy importante para proteger autoestima: si un día no sale, la historia no “falló” y tu hijo no “falló”. Solo necesitaba más apoyo o un ajuste. Esto es aprendizaje, no examen.

Cierre

Las historias sociales son una herramienta sencilla, pero poderosa, para acompañar el autismo desde la comprensión y la anticipación. Si las adaptas a tu hijo (en formato, lenguaje y necesidades), pueden reducir ansiedad y hacer el mundo más predecible y habitable.

Si quieres, cuéntame en comentarios: ¿para qué situación te gustaría crear una historia social ahora mismo (dentista, cole, cambios, baño, cumpleaños…)? Y si te sirve, dime también si tu peque entiende mejor pictogramas o fotos reales.

Y por si necesitas quedarte con una idea clara: las historias sociales funcionan mejor cuando explican, anticipan y ofrecen opciones de ayuda, sin regañar ni exigir perfección.

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Comentarios

3 respuestas a «Historias sociales: Cómo crearlas para apoyar a personas autistas»

  1. […] Si el bloqueo es emocional (“no quiero”, “me da miedo”), una historia social cortita puede ayudar mucho. No tiene que ser perfecta: 6–8 frases con fotos reales o pictos, explicando qué va a pasar y qué puede hacer si se agobia. Aquí tienes guía para crearlas: Historias sociales: cómo crearlas para apoyar a personas autistas. […]

  2. […] Si te interesa crear rutinas muy concretas con guion visual (por ejemplo, para eventos o situaciones sociales), en este post te explico cómo hacerlo: Historias sociales: cómo crearlas para apoyar a personas autistas. […]

  3. […] Para anticipar situaciones y bajar ansiedad, una herramienta muy útil son las historias sociales (sobre todo para eventos como médico, supermercado, cumpleaños, excursiones): Historias sociales: cómo crearlas para apoyar a personas autistas. […]

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