Si ahora mismo estás intentando distinguir una crisis de una rabieta en el autismo, probablemente no lo haces por “curiosidad”. Lo haces porque estás agotada, porque te duele que te juzguen y porque necesitas saber qué hacer sin empeorar la situación. Y es normal: cuando un niño autista tiene una explosión emocional, mucha gente lo llama “rabieta” por defecto… pero a veces no lo es. Y responder como si lo fuera puede romper la confianza y aumentar la sobrecarga.
En este post te explico la diferencia de forma clara y práctica, con señales rápidas, ejemplos reales y cómo actuar en cada caso. Sin culpa. Sin fórmulas mágicas. Con la mirada puesta en lo importante: seguridad, regulación y aprendizaje.
Por qué se confunden (y por qué te hace tanto daño)
Desde fuera, una crisis y una rabieta pueden parecer lo mismo: llanto, gritos, tirarse al suelo, empujar, lanzar objetos, negarse… La diferencia está en lo que ocurre por dentro.
- En una rabieta, el niño busca algo (un objeto, atención, evitar una tarea) y está probando estrategias porque todavía no tiene herramientas mejores.
- En una crisis autista, el cuerpo está desbordado. No es “te está poniendo a prueba”: es un colapso del sistema nervioso.
Confundirlas te deja en una posición imposible: si es crisis y tú aprietas con límites, sermones o castigos, el niño se hunde más. Y si es rabieta y tú cedes por agotamiento, la conducta se refuerza y se repite. Por eso merece la pena afinar la mirada.
Diferencias clave entre rabieta y crisis autista
Te lo dejo en formato claro, sin tablas raras:
- Motivación:
- Rabieta: conseguir algo (o evitar algo) suele estar en el centro.
- Crisis autista: responde a una sobrecarga sensorial, emocional o de estrés. No es intencional.
- Grado de control:
- Rabieta: puede parar si obtiene lo que quiere o si cambia la situación.
- Crisis autista: no puede parar aunque le ofrezcas algo.
- Conexión con el entorno:
- Rabieta: suele haber “escaneo”: mira reacciones, negocia, sube o baja intensidad.
- Crisis autista: hay desconexión. Cuesta procesar palabras y estímulos externos.
- Duración y “resaca”:
- Rabieta: termina cuando cambia la situación o pierde interés.
- Crisis autista: puede durar más y dejar agotamiento, dolor de cabeza, necesidad de aislarse o incluso un “apagón” posterior.
Si te ayuda ponerle nombre a esas respuestas del cuerpo (cuando estalla, cuando se apaga o cuando se agota), aquí tienes un post que encaja muy bien con esta idea: Meltdown, shutdown y burnout: cuando la sobrecarga nos supera.
Señales rápidas para saber qué está pasando
No es una ciencia exacta, pero estas preguntas suelen orientar muchísimo:
1) ¿Ha habido acumulación de estímulos?
- Ruido, luces, mucha gente, cambios, esperas, hambre, calor, ropa molesta…
- Si la respuesta es “sí, llevaba rato aguantando”, es más probable que sea crisis.
2) ¿Puede aceptar alternativas?
- Si puedes ofrecer una opción y el niño la toma (aunque proteste), suele haber más margen de rabieta.
- Si nada entra, nada calma, nada conecta… suena más a crisis.
3) ¿Cómo está su cuerpo?
- Crisis: respiración rápida, tensión, taparse los oídos, huida, rigidez, autolesión, mirada perdida, hiperventilación.
- Rabieta: más “expresión dirigida”: puede parar para observar, cambia de estrategia.
4) ¿Qué pasa después?
- Crisis: llega el bajón: agotamiento, sueño, necesidad de silencio, tristeza o desconexión.
- Rabieta: tras conseguir (o no) lo que quería, suele recuperar antes.
Y un recordatorio importante: a veces hay mezcla. Un niño puede frustrarse por un “no” (rabieta) y, si encima está sobrecargado, escalar a crisis. No lo pienses como etiquetas rígidas, sino como un “termómetro” del sistema nervioso.
Ejemplos prácticos (uno de rabieta y uno de crisis)
Ejemplo de rabieta
Estáis en el supermercado. Quiere una golosina. Le dices que no y empieza a llorar, gritar y tirarse al suelo. En medio del llanto, mira de reojo si cedes. Si se la das, se calma rápido.
Qué te está diciendo esa escena: “no tengo herramientas para sostener el no” (y estoy probando lo que me ha funcionado otras veces).
Ejemplo de crisis autista
Estáis en una fiesta: música alta, gente hablando a la vez, luces, olores, estímulos sin parar. Tras un rato empieza a taparse los oídos, grita y se golpea. No responde a tus palabras. Aunque le ofreces “lo que quiera”, no hay conexión. Cuando por fin salís, tarda varios minutos (o más) en volver a estar accesible.
Qué te está diciendo esa escena: “mi cuerpo ya no puede procesar más”. No está eligiendo. Está colapsando.
Cómo actuar si es una rabieta (límites + enseñanza)
Aquí la clave es sostener el límite sin humillar, y enseñar alternativas. Algunas ideas:
- Calma por fuera: tu tono regula más que tus argumentos.
- Límite breve: “Hoy no compramos golosina”. Sin sermón.
- No refuerces cediendo: si cedes, el cerebro aprende “esto funciona”.
- Ofrece opciones reales: “Puedes elegir entre manzana o yogur” / “Podemos hablarlo al llegar a casa”.
- Enseña comunicación funcional: “Estoy enfadado”, “Quiero eso”, “Necesito un descanso”.
Y algo que ayuda mucho: practicar cuando está bien. Un niño no aprende estrategias nuevas en plena intensidad; las aprende antes, en calma, con juego y repetición amable.
Cómo actuar si es una crisis autista (seguridad + reducción de estímulos)
En una crisis, el objetivo no es “corregir”. Es proteger.
- Sal del detonante si es posible (ruido, gente, luces, demanda).
- Menos palabras: frases cortas, voz baja. (“Estoy contigo”, “vamos a un sitio tranquilo”).
- No razones en mitad del colapso: el cerebro no puede procesar.
- Ofrece herramientas de regulación si las tiene: auriculares, presión profunda (si la tolera), objeto de confort, respiración guiada muy simple, rincón seguro.
- Prioriza seguridad física: si hay autolesión o riesgo, reduce peligro sin inmovilizar de forma agresiva. Si necesitas ayuda, pídela.
Si aún no tenéis herramientas “de rescate” preparadas, te puede servir muchísimo la idea de llevar un kit sencillo cuando salís: La mochila de rescate: un refugio portátil para momentos difíciles.
Qué hacer después (cuando ya ha pasado)
Este punto suele olvidarse… y es donde se consolida el aprendizaje y la confianza.
Después de una rabieta
- Repara sin dramatizar: “Te enfadaste. Es difícil. La próxima vez probamos a pedir ayuda”.
- Enseña una alternativa concreta (una frase, una tarjeta, un gesto) y practícala.
- Refuerza lo que sí quieres ver: “Me pediste descanso. Eso ayuda”.
Después de una crisis
- No castigues el colapso. No fue una elección.
- Valida: “Fue demasiado. Lo pasaste mal. Ya pasó”.
- Analiza contigo (no interrogues al niño): ¿qué detonó? ¿qué señales previas hubo? ¿qué ayudó un poco?
- Recuperación: muchas veces necesita silencio, agua, comida, descanso o baja demanda. Esa “resaca” es real.
Cómo prevenir: menos detonantes, más herramientas
No siempre se puede evitar una crisis, pero sí se puede reducir la frecuencia y sobre todo la intensidad, si el entorno se vuelve más predecible y el niño tiene opciones antes de explotar.
- Anticipación visual: qué va a pasar, cuánto dura, cuándo termina.
- Pausas planificadas: no esperar a que reviente para “parar”.
- Señal de salida: una tarjeta o gesto para “necesito irme / necesito pausa”.
- Rutinas de entrada y salida (llegar, preparar, terminar) para bajar incertidumbre.
Para anticipar situaciones y bajar ansiedad, una herramienta muy útil son las historias sociales (sobre todo para eventos como médico, supermercado, cumpleaños, excursiones): Historias sociales: cómo crearlas para apoyar a personas autistas.
Cuando necesitas apoyo extra
Pedir ayuda no es fallar. Es cuidar.
- Si hay autolesión frecuente o riesgo físico.
- Si las crisis son muy largas o muy habituales.
- Si notas que el niño vive con ansiedad alta constante.
- Si en el cole lo interpretan todo como “conducta” y no están adaptando el entorno.
En estos casos, un buen acompañamiento (terapia ocupacional para lo sensorial, psicología con enfoque respetuoso, apoyo en comunicación/CAA si hace falta) puede marcar una diferencia enorme.
Cierre
Distinguir no es etiquetar. Es responder mejor. Una rabieta se acompaña con límites y enseñanza. Una crisis autista se acompaña con seguridad, reducción de estímulos y mucha compasión. Y cuando tú cambias la forma de mirar, cambia también la forma de sostenerlo.
Si quieres, cuéntame en comentarios: ¿en qué situaciones te cuesta más saber qué está pasando (supermercado, cambios, deberes, cumpleaños, hora de dormir…)? Y para que te quede una frase clara al cerrar el post: aprender a distinguir una crisis de una rabieta en el autismo es una de las cosas que más alivio trae a una familia.


Deja una respuesta