Cuando hablamos de meltdown, shutdown y burnout autista, hablamos de algo que muchas familias viven… pero que todavía se malinterpreta demasiado. A veces se ve desde fuera como “drama”, “rabieta”, “poca tolerancia” o “mala conducta”. Y por dentro, lo que suele haber es otra cosa: sobrecarga. Un sistema nervioso que ya no puede procesar más.
Este post es para ayudarte a distinguirlos con claridad y, sobre todo, para que tengas estrategias reales: qué hacer antes (prevención), qué hacer durante (seguridad) y qué hacer después (recuperación). Porque acompañar no es permitirlo todo. Acompañar es bajar la carga y poner límites que protegen sin romper.
Lo primero: esto no es “mal comportamiento”
Un meltdown no es una rabieta “para conseguir algo”. Un shutdown no es “pasotismo” ni “me ignora”. Y un burnout no es “vago” ni “no se esfuerza”. Son respuestas del sistema nervioso cuando la sobrecarga (sensorial, emocional, social, cognitiva) supera el umbral que la persona puede sostener.
Esto cambia el enfoque por completo: en vez de preguntarnos “¿cómo lo paro?”, empezamos a preguntarnos “¿qué está cargando tanto su mochila?”.
Si en tu casa (o en el cole) todavía se confunde crisis con rabieta, te ayudará muchísimo leer este post: Cómo distinguir una crisis de una rabieta en el autismo.
Diferencias rápidas entre meltdown, shutdown y burnout
- Meltdown: la sobrecarga sale hacia fuera. Hay explosión: gritos, llanto, agitación, huida, a veces golpes o autolesiones. Es involuntario.
- Shutdown: la sobrecarga se va hacia dentro. Hay apagón: bloqueo, silencio, inmovilidad, mirada perdida, “no puedo”. También es involuntario.
- Burnout autista: la sobrecarga se acumula durante mucho tiempo. No es un episodio puntual: es un estado de agotamiento profundo que puede durar semanas o más, con pérdida de energía, mayor sensibilidad y menos capacidad para “tirar”.
Piensa en tres metáforas sencillas:
- Meltdown: la olla a presión explota.
- Shutdown: el móvil se queda sin batería y se apaga.
- Burnout: llevas meses funcionando en modo “batería baja” hasta que ya no da más.
Meltdown: cuando el cuerpo explota
El meltdown suele aparecer cuando la persona ha estado sosteniendo demasiado: ruido, luces, demandas, cambios, frustración, no entender qué pasa, no poder comunicar, cansancio… y llega un punto en el que el cuerpo dice “hasta aquí”.
Señales previas (para pillar el momento antes de que estalle)
Cada niño tiene sus señales, pero muchas familias reconocen cosas como:
- más irritabilidad o “todo molesta”;
- sube el volumen (grita más, habla más rápido o se acelera);
- más conductas repetitivas (mover manos, balanceo, correr en círculos);
- se tapa los oídos/ojos, evita la mirada, se quiere ir;
- se queda “en bucle” con una idea (“no, no, no”, “quiero casa”);
- rechaza demandas que normalmente tolera.
Estas señales no son “manías”. Son avisos. Y si los escuchamos, muchas crisis bajan de intensidad.
Qué hacer durante un meltdown (lo que ayuda de verdad)
- Prioridad: seguridad. Aleja objetos peligrosos, baja el ruido, reduce gente alrededor, abre espacio.
- Menos palabras, más calma. En meltdown el lenguaje se cae. Frases cortas y predecibles: “Estoy aquí. Estás a salvo. Vamos a un sitio tranquilo”.
- No preguntes “¿qué te pasa?” en caliente. No es que no quiera contestar: es que no puede.
- No castigues ni amenaces. El castigo añade miedo a la sobrecarga y suele alargar o empeorar la crisis.
- Ofrece salida, no control. A veces lo mejor es facilitar que se vaya a un lugar seguro (habitación, coche, rincón de calma) y acompañar sin invadir.
Si la base del meltdown es sensorial, aquí tienes una guía específica para trabajar esa parte con más profundidad: Cómo ayudar a tu hijo autista a gestionar la sobrecarga sensorial.
Qué hacer después (cuando ya pasó la tormenta)
Después de un meltdown suele venir el “crash”: cansancio, vergüenza, llanto suave, necesidad de dormir o estar solo. Ahí es donde más daño hace el sermón de “lo que has hecho”.
Mejor una reparación sencilla:
- Regula primero: agua, comida si toca, luz suave, manta, silencio.
- Nombra sin juicio: “Hoy tu cuerpo se ha desbordado. Ha sido difícil”.
- Busca una sola pista: “¿Qué crees que te molestó más: el ruido, esperar, que te tocaran, el cambio?” (si puede responder).
- Repara lo que haga falta (si hubo daño): “Vamos a arreglarlo juntos” sin humillar.
Y un recordatorio importante: una crisis no borra todo lo que tu hijo ha avanzado. Solo te está diciendo que hoy la carga era demasiado alta.
Shutdown: cuando el cuerpo se apaga
El shutdown es menos visible, y por eso muchas veces se entiende peor. Puede parecer “se quedó en blanco”, “no responde”, “me ignora”, “no colabora”. Pero en realidad suele ser un modo de protección: el cerebro corta para sobrevivir.
Señales típicas
- silencio repentino o dificultad para hablar;
- mirada perdida, cuerpo muy quieto;
- respuesta lenta, como si “no llegara”;
- llanto sin fuerza o cierre emocional;
- necesidad intensa de estar solo o de esconderse.
Cómo acompañar sin presionar
- Reduce estímulos y demandas. Si puedes, baja luz, ruido, gente.
- Da tiempo. No lo saques a la fuerza con preguntas, explicaciones o “mírame”.
- Presencia tranquila. A veces basta con estar cerca sin invadir: “Estoy aquí cuando puedas”.
- Alternativas no verbales. Un gesto, un pictograma, un “sí/no” con dedos, o simplemente silencio.
Esto es clave: en shutdown, “hacer que responda” suele empeorar. La salida es recuperar energía, no rendir.
Burnout autista: cuando la sobrecarga se acumula
El burnout autista suele aparecer cuando la persona lleva mucho tiempo sosteniendo un entorno que le exige demasiado (y le ofrece poco descanso real). A veces lo vemos en adolescentes, a veces en adultos, y a veces en niños que durante semanas parecen “más sensibles”, “más apagados” o con más crisis.
Señales que pueden encajar
- agotamiento constante, incluso durmiendo;
- más meltdowns o shutdowns con menos “motivo aparente”;
- hipersensibilidad sensorial que antes no era tan intensa;
- más evitación, más aislamiento, menos tolerancia social;
- pérdida de habilidades o retrocesos (autonomía, comunicación, tolerancia);
- desmotivación profunda: “no puedo” (aunque quiera).
Si te interesa profundizar en señales y prevención, aquí tienes un post específico: Señales de un burnout autista y cómo prevenirlo.
Qué ayuda de verdad en burnout
- Bajar exigencias. No “un poco”. A veces hay que recortar agenda, tareas, extras y presión.
- Descanso real. No solo “estar en casa”: descanso sin demandas, sin sostener socialmente, sin tener que aparentar.
- Reparar la carga sensorial. Ajustes en luz, ruido, ropa, horarios, transiciones.
- Recuperar control. Pequeñas decisiones diarias: “¿te duchas ahora o después?”, “¿con música o sin música?”.
- Entorno que cree y acompaña. La validación baja muchísimo el sufrimiento: “te creo”, “no estás exagerando”, “lo vamos a ajustar”.
Por qué ocurren: la “mochila” invisible de carga
Una forma muy práctica de entenderlo es imaginar una mochila. Cada cosa carga un poco:
- ruidos, luces, olores, ropa que pica;
- cambios inesperados;
- esperas largas;
- interacciones sociales (especialmente si hay que “encajar”);
- exigencias de comunicación (cuando no hay herramientas suficientes);
- frustraciones acumuladas;
- sueño insuficiente, hambre, dolor, estreñimiento;
- días sin pausas.
El problema es que muchas de esas cargas no se ven. Y si no se ven, se juzgan. Por eso tantas familias se sienten solas: porque sostienen una realidad intensa que desde fuera parece “exageración”.
Plan sencillo en 3 capas: antes, durante y después
1) Antes: prevenir (bajar la carga antes de que se desborde)
- Anticipa cambios con frases cortas: “En 5 minutos terminamos”.
- Transiciones más suaves: una “última cosa” antes de cambiar.
- Pausas programadas (no cuando ya está explotando).
- Herramientas de regulación accesibles: cascos, objeto de calma, rincón seguro.
- Expectativas realistas: hay días de 100% y días de 20%. No son vagancia, son capacidad del sistema.
2) Durante: proteger (menos palabras, más seguridad)
- calma, espacio, bajar estímulos;
- frases simples y repetibles;
- acompañamiento sin castigo;
- si hay riesgo, prioriza contención segura y pide apoyo si lo necesitas.
3) Después: recuperar (reparación sin culpa)
- descanso y regulación;
- revisión suave (una sola pista, no interrogatorio);
- ajuste para la próxima vez: “¿qué podemos cambiar?”;
- mensaje claro de vínculo: “cuando te pasa esto, sigo aquí”.
En casa y en el cole: ajustes razonables que previenen
Muchísimas crisis se reducen cuando el entorno deja de pedirle al niño que haga de “neurotípico perfecto” todo el día. En la práctica, a veces son ajustes pequeños… con un impacto enorme.
- En el aula: avisos antes de cambios, instrucciones por pasos, opción de pausa, lugar tranquilo para regularse, permitir cascos o adaptaciones sensoriales.
- En casa: menos prisas, rutinas previsibles, margen entre actividades, bajar pantallas si alteran, priorizar descanso tras el cole.
- En ambos: lenguaje común (“necesito parar”, “pausa”, “demasiado”) y adultos que no discutan en plena sobrecarga.
Si a veces sientes que “todo le desregula” y no entiendes por dónde empezar, este post te ordena muy bien el mapa: ¿Por qué mi hijo autista se desregula tanto? 6 claves que cambiarán tu forma de acompañarle.
Cierre
Distinguir meltdown, shutdown y burnout no es “poner etiquetas”: es dejar de castigar síntomas y empezar a responder a necesidades. No se trata de permitirlo todo; se trata de comprender qué carga se ha acumulado y cómo podemos hacer el mundo un poco más habitable para ese sistema nervioso.
Si te apetece, cuéntame en comentarios: ¿qué ves más en tu casa ahora mismo: explosión (meltdown), apagón (shutdown) o cansancio acumulado (burnout)? ¿Y qué suele pasar justo antes?
Y para cerrar con una idea clara (y que se quede contigo): cuando entendemos y ajustamos, el meltdown, shutdown y burnout autista dejan de ser “misterios” y se convierten en señales que podemos acompañar con más calma y menos culpa.


Deja una respuesta