Si tu hijo se golpea, se tira al suelo o se choca contra cosas, es normal que se te encienda el miedo. Miedo por su seguridad. Miedo por no saber cómo parar eso “ya”. Y a veces también vergüenza o agotamiento, porque el entorno opina sin entender.
Pero en muchísimos casos, la explicación no está en “conducta” ni en “límites”. Está en el cuerpo. Concretamente, en la propiocepción en el autismo: ese sentido que nos ayuda a sentirnos por dentro, a notar dónde está nuestro cuerpo, cuánta fuerza usamos y a regularnos cuando el mundo aprieta.
En este post te explico qué es la propiocepción con palabras sencillas, cómo saber si esto encaja con lo que vive tu hijo y, sobre todo, qué puedes hacer para ayudar sin castigar, de forma segura y realista.
Qué está pasando cuando se golpea o se tira al suelo
Antes de buscar “la técnica perfecta”, conviene cambiar la pregunta. En vez de “¿por qué hace esto?”, prueba con: “¿qué está intentando conseguir su sistema nervioso?”.
Para muchos niños autistas, ciertas acciones intensas (golpearse, tirarse al suelo, empujar, apretar, chocar) son una forma de regularse cuando el cuerpo se siente desorganizado. No porque sea agradable. Sino porque, en ese momento, es lo que su sistema nervioso encuentra para volver a sentirse “en su sitio”.
Esto no significa que haya que permitir daño. Significa que necesitamos dos cosas a la vez:
- Seguridad (evitar lesión), y
- Alternativas que le den al cuerpo lo que está pidiendo, pero sin hacerse daño.
Qué es la propiocepción (explicada fácil)
La propiocepción es el sentido que informa al cerebro de lo que ocurre en músculos y articulaciones: postura, tensión, fuerza, movimiento. Gracias a ella podemos saber, sin mirar:
- si estamos sentados o de pie,
- cuánta fuerza necesitamos para abrir una puerta sin dar un portazo,
- cómo coger un vaso sin romperlo,
- cómo movernos sin chocarnos constantemente.
Cuando la propiocepción no está bien afinada, el cuerpo puede sentirse “difuso”, incómodo o difícil de controlar. Y entonces aparece la búsqueda: presión, impacto, empuje, mordida… no por capricho, sino para sentirse.
Señales de que su cuerpo está “pidiendo” propiocepción
No hace falta que tu hijo cumpla una lista completa. Pero si reconoces varios puntos, puede encajar:
- Busca presión: pide abrazos fuertes, se mete debajo de cojines, se envuelve en mantas, se tumba encima de otros.
- Busca impacto: se tira al suelo, choca con el sofá, empuja muebles, “se deja caer”.
- Fuerza desajustada: aprieta demasiado al escribir, rompe papel, abraza muy fuerte sin darse cuenta.
- Tono/postura variable: “se derrite” en la silla, se recuesta, tropieza más cuando está cansado.
- Oralidad intensa: muerde ropa, objetos, uñas, o busca presión en la mandíbula.
Un detalle que ayuda mucho: observa cuándo ocurre. Si aparece especialmente en transiciones, ruido, espera, cambios de plan o final del día, es muy probable que también haya sobrecarga acumulada y el cuerpo esté buscando “anclarse”.
Por qué castigar suele empeorar
Castigar puede frenar una conducta por miedo… pero no enseña una alternativa. Y cuando el origen es sensorial, el castigo añade una capa extra de estrés: el niño sigue necesitando regularse, pero ahora además se siente inseguro contigo o en ese lugar.
Es como si te picara muchísimo algo en la piel y, en vez de ayudarte a calmar la picazón, te regañaran por rascarte. La necesidad sigue. Solo se suma tensión.
Lo que sí enseña es: “cuando me desbordo, me quedo solo con esto”. Y eso, a medio plazo, empeora el círculo.
Cómo ayudar sin castigar: estrategias que sí regulan
La idea no es “quitar” el movimiento. Es darle al cuerpo lo que pide, de forma segura y con estructura.
Presión profunda segura
La presión profunda suele organizar muchísimo el sistema nervioso porque da una señal clara y estable al cuerpo. Algunas ideas (siempre con consentimiento y observando si le calma o le agobia):
- “Sándwich” con cojines: el niño se tumba y tú colocas un cojín encima con presión firme y breve (por ejemplo, 5–10 segundos), repitiendo 3–5 veces.
- Manta “envolvente”: enrollar como un “burrito” y hacer presiones firmes (sin apretar la cara ni dificultar la respiración).
- Masaje firme en hombros/brazos/piernas (mejor corto, predecible y con cuenta atrás).
- Apretar un cojín grande o una pelota dura con las dos manos.
Truco que suele funcionar: estructúralo. “¿Quieres 6 presiones o 10?” y “cuando suene el temporizador, paramos”. La previsibilidad baja la alarma.
Trabajo pesado con sentido (sin que parezca terapia)
El “trabajo pesado” son actividades de empujar, tirar, cargar, arrastrar… Es propriocepción funcional. Y para muchos niños es oro.
Ideas de 2–5 minutos que suelen encajar en casa:
- Empujar la pared contando hasta 10 (3 repeticiones).
- Arrastrar una cesta con libros por el pasillo.
- Llevar una bolsa con botellas pequeñas de agua de una habitación a otra.
- “Ayudar” con la compra: llevar algo que pese un poquito (ajustado a su cuerpo).
- Hacer el “tren”: empujar una silla con peso suave (si es seguro).
La clave es que tenga sentido para él: “me ayudas”, “lo hacemos juntos”, “misión”. No “haz ejercicios”.
Impacto seguro (si lo que busca es tirarse o golpearse)
Si tu hijo busca impacto, el objetivo no es prohibir el impacto, sino ofrecerlo sin daño:
- Zona de caer: una colchoneta o colchón en el suelo donde sí puede “dejarse caer”. Norma simple: “caemos aquí”.
- Saltos controlados en colchoneta (pocos, con inicio y fin).
- Choque contra cojín grande apoyado en pared: “empujo el cojín con todo mi cuerpo”.
- Rodar en una alfombra o colchoneta (si le calma).
Esto reduce muchísimo la necesidad de tirarse al suelo duro, porque el cuerpo sigue recibiendo la señal, pero sin lesión.
Antes de lo difícil: mini-rutina propioceptiva
Muchas crisis aparecen antes de tareas que cuestan: deberes, baño, cambios, salir de casa, dormir. A veces no es oposición: es que su cuerpo llega “sin frenos”.
Prueba una mini-rutina de 3–7 minutos antes de la tarea:
- Empujar pared 1 minuto +
- apretar cojín 1 minuto +
- presión profunda breve 1 minuto +
- y entrar en la tarea con “primero–después” (muy claro).
No lo arregla todo, pero puede bajar la intensidad y evitar escaladas.
Cuando parece propiocepción… pero hay algo más
Aunque la propiocepción explique muchísimo, no lo explica todo. Conviene pedir ayuda profesional (pediatría/TO) o descartar dolor si:
- la conducta aparece de golpe sin motivo claro,
- se intensifica rápidamente,
- hay signos de dolor (señala una zona, llanto distinto, cambios de sueño o apetito),
- hay autolesión fuerte que no podéis contener con seguridad.
También puede haber interocepción (señales internas confusas: hambre, sed, baño, dolor) que aumente la desregulación. Cuando el niño no detecta “me duele la barriga” hasta que es insoportable, el cuerpo estalla por donde puede.
El agua como pista reguladora
Muchos niños autistas se regulan con el agua: bañera, piscina, duchas largas, jugar con chorros. No es solo “porque le gusta”. El agua envuelve, presiona y da información constante del cuerpo. Para algunos, es el regulador más potente que existe.
Si notas que en el agua se calma, ahí tienes una pista: su sistema nervioso necesita presión y señales corporales claras. Puedes usarlo como recurso (sin convertirlo en obligación): mini-baño, manos en agua templada, juego breve con recipientes… y observar.
Cómo hablarlo con el cole (sin pelear)
En el cole, estas conductas suelen interpretarse como “rabieta” o “búsqueda de atención”. Ayuda llevarlo a frases concretas y fáciles de aplicar:
- “No es un desafío: es regulación corporal. Necesita alternativas seguras.”
- “Si le doy 3 minutos de trabajo pesado antes del cambio, llega mejor.”
- “Si empieza a buscar impacto, mejor colchoneta/pausa de presión que castigo.”
- “Necesita un plan de pausa claro y predecible.”
Y si el centro está abierto, lo ideal es que lo vea un terapeuta ocupacional para ajustar estrategias a su caso y al entorno escolar.
Te puede ayudar
- Día 2 · M.I.S.: Los 8 sentidos en casa — escáner sensorial en 3 minutos
- Día 3 · M.I.S.: Perfiles sensoriales (Winnie Dunn) — mini test + cómo usarlo
- Día 14 · M.I.S.: Propiocepción — peso y presión que organizan
- Día 14 · M.I.S.: Interocepción — sentir por dentro (hambre, sed, baño, dolor, sueño)
Cierre
Si tu hijo se golpea o se tira al suelo, no significa que sea “malo” ni que tú estés fallando. Muchas veces significa que su cuerpo está pidiendo una señal fuerte para organizarse. Cuando entendemos eso, dejamos de pelear contra el síntoma y empezamos a construir apoyo real.
Si te apetece, cuéntame en comentarios: ¿cuándo ocurre más (cambios, ruido, final del día, tareas concretas)? ¿Y qué le calma un poquito (presión, agua, movimiento, silencio, abrazo firme)? Con eso puedo ayudarte a elegir un primer paso realista.
Y para que se quede una idea clara al final: la propiocepción en el autismo explica muchas conductas que parecen “conducta”, pero son necesidad corporal.


Deja una respuesta