Si alguna vez te has preguntado por qué mi hijo autista se desregula tanto, seguramente no lo haces por curiosidad. Lo haces porque estás cansada. Porque te duele verle sufrir. Porque a veces sientes que cualquier cosa “pequeña” puede acabar en llanto, gritos, bloqueo o una crisis enorme… y tú te quedas pensando: “¿Qué estoy haciendo mal?”
Quiero empezar por aquí: en la mayoría de casos, no lo estás haciendo mal. Lo que pasa es que la desregulación no suele ser “conducta” en el sentido clásico. Suele ser sistema nervioso. Es el cuerpo diciendo: “No puedo con esto”.
En este post te explico 6 claves que suelen estar detrás de esas desregulaciones intensas (y que cambian mucho la forma de acompañar). Y además te dejo un plan sencillo para actuar: qué mirar antes, qué hacer durante y qué hacer después, sin castigos y sin sentir que estás apagando fuegos todo el día.
Cuando tu hijo se desregula, no “te está retando”
Cuando estamos agotadas, el cerebro busca una explicación rápida: “Lo hace a propósito”, “me está poniendo a prueba”, “si cedo, aprende”. Es humano pensarlo. Pero muchas veces, en autismo, lo que estás viendo no es desafío: es desregulación.
Una pista clara: cuando hay desregulación, no hay aprendizaje posible en ese momento. Igual que tú no puedes razonar bien con fiebre alta o con un ataque de ansiedad, tu hijo tampoco puede “portarse mejor” si su cuerpo está en modo alarma.
Si este tema te genera muchas dudas, te puede ayudar muchísimo leer también: Cómo distinguir una crisis de una rabieta en el autismo.
Antes de “corregir”, busca la chispa que lo enciende
A veces la crisis parece salir “de la nada”. Pero casi siempre hay señales previas: tensión en el cuerpo, cambios en la respiración, más rigidez, más ecolalia, más movimiento, más irritabilidad, más necesidad de control…
En vez de preguntarte solo “¿qué ha hecho?”, prueba con estas preguntas (son simples, pero cambian el enfoque):
- ¿Qué estímulo había (ruido, luz, olor, gente, ropa, hambre, calor)?
- ¿Qué cambio hubo (plan distinto, transición, espera, “no” inesperado)?
- ¿Qué demanda apareció (vestirse rápido, salir, escribir, hablar, esperar)?
- ¿Cuánta carga acumulada trae (cole, patio, pantalla, social, cansancio)?
Porque muchas desregulaciones no son por “el momento”, sino por la suma: un día entero sosteniendo demasiado… y la última gota es un calcetín que pica.
Las 6 claves que explican por qué se desregula tanto
1) Disfunción ejecutiva: cuando el cerebro se bloquea ante lo inesperado
Las funciones ejecutivas son como el “centro de mando” del cerebro: planificar, organizar, cambiar de idea, frenar impulsos, gestionar la frustración, pasar de una tarea a otra…
En muchos niños autistas, ese centro de mando se sobrecarga con facilidad. Y cuando se sobrecarga, pasan cosas como:
- les cuesta parar una emoción intensa una vez que empieza;
- no encuentran alternativas cuando algo no sale como esperaban;
- reaccionan “desde el impulso”, sin filtro, porque el cerebro ya no está regulando.
Ejemplo: cambias el orden de las actividades (primero ducha y luego cena, en vez de al revés). Para ti es un ajuste. Para su cerebro puede ser “se rompió el mapa”. Y si además está cansado, esa mini-ruptura puede activar un estallido.
Si notas que le cuesta muchísimo empezar, seguir o terminar tareas (y eso también acaba en crisis), este post conecta muy bien con esta clave: Por qué mi hijo no puede empezar, seguir o terminar tareas: 4 claves para entenderlo.
2) Coherencia central débil: por qué los pequeños cambios descolocan tanto
Muchas personas autistas procesan el mundo con muchísimo foco en los detalles. Eso tiene cosas preciosas (observación, precisión, memoria visual…), pero también una consecuencia: si cambia un detalle, puede sentirse como si cambiara todo.
Ejemplo: en clase ponen un póster nuevo, cambian un mueble de sitio o hoy el profe trae otro tono de voz. Tu hijo no siempre puede explicar qué es… pero su cuerpo lo nota, y se desregula.
Aquí suele ayudar mucho anticipar “microcambios” y dar un plan B claro: “Hoy puede haber una sorpresa. Si te molesta, puedes decírmelo / puedes ponerte cascos / puedes ir un momento al rincón tranquilo”.
3) Procesamiento sensorial: cuando el mundo se siente demasiado
Esta es una de las razones más frecuentes (y más invisibles para los demás). El sistema nervioso puede reaccionar de forma muy intensa a estímulos que para otros pasan desapercibidos.
- Hipersensibilidad: ruidos, luces, texturas, olores… que “raspan” por dentro.
- Hiposensibilidad: cuesta notar el cuerpo o ciertos estímulos; puede buscar sensaciones fuertes.
- Búsqueda sensorial: necesita moverse, morder, saltar, presionar, girar… para regular.
Ejemplo: una etiqueta en la camiseta, el zumbido de una luz, el sonido de un secador de manos o el murmullo de un comedor pueden ser suficientes para activar una crisis. No es “manía”. Es sobrecarga.
Si aquí te sientes muy identificada, te recomiendo este (porque es práctico y muy de vida real): Cómo ayudar a tu hijo autista a gestionar la sobrecarga sensorial.
4) Teoría de la mente y lectura emocional: entender a los demás… y entenderse a uno mismo
En muchos niños autistas hay dificultad para interpretar señales sociales o emocionales (propias y ajenas). A veces no es que “no le importe”. Es que no lo lee igual. Y además, puede costarle mucho nombrar lo que le pasa por dentro.
Ejemplo: pierde su turno en un juego. Siente una explosión interna de rabia/vergüenza/frustración… pero no sabe identificarla ni explicarla. Solo sabe que el cuerpo “arde” y necesita salir. Y entonces aparece el grito, el golpe o el bloqueo.
Por eso funciona más nombrar tú de forma sencilla (“Te ha dado rabia”, “te ha asustado”, “te ha dolido”) que pedirle que lo explique en pleno pico.
5) Aprendizaje implícito: lo que no se aprende solo con mirar
Muchos niños neurotípicos aprenden estrategias emocionales “por ósmosis”: ven a otros respirar, retirarse, pedir ayuda, esperar… y lo copian. En autismo, muchas veces eso no pasa solo. Hay que enseñarlo de forma explícita y repetirlo muchas veces.
- No siempre integran por sí solos estrategias como “respiro y me aparto”.
- Necesitan que se les muestre con intención: qué hacer, cuándo, cómo, con qué señales.
Ejemplo: tu hijo ve que otros niños esperan su turno “sin problema”. Pero él no interpreta esa conducta como una estrategia útil. Para él, esperar puede ser una experiencia corporal muy desagradable. Necesita herramientas concretas: reloj visual, objeto regulador, frase de pedir pausa, adulto de apoyo.
6) Regulación fisiológica: cuando el cuerpo está siempre en alerta
Esta clave lo atraviesa todo: el cuerpo puede estar demasiado activado (tensión, ansiedad, hiperalerta) o demasiado apagado (desconexión, bloqueo). Y en ambos extremos, regular emociones es muchísimo más difícil.
Piensa en esto como un “termómetro” interno. Si ya viene a 8/10 por cansancio, cole, ruido, hambre o cambios… cualquier pequeña frustración lo sube a 10/10.
Ejemplo: después del recreo (ruido + social + movimiento + exigencia), llega tan estimulado que una mínima corrección (“ahora toca sentarse”) desata una reacción enorme.
Si quieres entender mejor las diferencias entre meltdown, shutdown y agotamiento por sobrecarga, aquí lo tienes muy bien explicado: Meltdown, shutdown y burnout: cuando la sobrecarga nos supera.
Qué hacer en el momento de la desregulación (sin empeorarla)
En el pico, la prioridad no es “que entienda”. Es que vuelva al cuerpo y recupere seguridad. Estas pautas suelen ayudar mucho:
- Seguridad primero: si hay riesgo (golpes, huida, autolesión), tu objetivo es proteger sin añadir miedo.
- Menos palabras: cuanto más hablas, más carga. Usa frases cortas: “Estoy aquí”, “Te ayudo”, “Ahora no hablamos”.
- Baja estímulos: luz más suave, menos gente alrededor, silencio, salir del lugar si se puede.
- Co-regulación: tu calma es un “ancla”. No perfecta, pero sí predecible: tono bajo, movimiento lento, respiración marcada.
- Ofrece una opción simple: “¿Cascos o pasillo?”, “¿agua o abrazo?”, “¿sentarte aquí o allí?” (dos opciones, no diez).
- No negocies en el pico: negocia después. En el pico, el cerebro no puede.
Y una idea que suele aliviar a muchas familias: si en ese momento lo único que puedes hacer es acompañar sin empeorar, ya estás haciendo mucho.
Qué hacer después (cuando ya está en calma)
El aprendizaje real viene en frío. Cuando el cuerpo ya ha bajado. Ahí sí puedes construir:
- Reparación sin culpa: “Ha sido un momento difícil. Ya pasó. Estoy contigo.”
- Detectar la chispa: “¿Te molestó el ruido? ¿El cambio? ¿Esperar?” (si no responde, observa tú).
- Una herramienta para la próxima: una sola. Por ejemplo: “Si te sube, me enseñas la tarjeta de ‘pausa’.”
- Ensayo corto: 30 segundos de práctica valen más que un sermón. “Probamos a pedir pausa.”
Esto no va de “que no vuelva a pasar nunca”. Va de que cada vez haya más señales detectadas, más apoyos y menos daño para él y para ti.
Cuándo pedir apoyo profesional
Hay momentos en los que sostenerlo sola es demasiado. Considera pedir ayuda si:
- las crisis son muy frecuentes o muy intensas y os están agotando;
- hay autolesiones o riesgo real;
- hay mucho malestar corporal (sueño muy alterado, dolor, estreñimiento, ansiedad constante);
- notas que tu hijo vive casi siempre “en alerta”.
Un buen apoyo puede venir de terapia ocupacional (sensorial), psicología respetuosa (ansiedad/regulación), logopedia (comunicación y necesidades) o equipo médico si hay sospecha de dolor físico. No para “arreglar” a tu hijo, sino para quitar carga y darle herramientas.
Cierre
Cuando entiendes lo que hay detrás, dejas de ver “rabietas” y empiezas a ver necesidades. Tu hijo no se desregula porque quiera llamar la atención. Se desregula porque su sistema no puede con tanto… y necesita apoyos, previsibilidad y una mano segura al lado.
Si hoy te quedas con una sola idea, que sea esta: por qué mi hijo autista se desregula tanto casi nunca tiene una sola causa… pero sí tiene un camino de acompañamiento que se aprende, paso a paso.
Y ahora dime tú (si te apetece): ¿qué es lo que más suele encender la mecha en vuestro día a día: los cambios, las transiciones, el ruido, los “no”, el cole, las esperas…? Cuanto más concreto sea, más fácil es encontrar el primer ajuste que os alivie.


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