Un cuaderno de rutinas en el autismo puede parecer “solo organización”, pero en muchas casas es mucho más que eso: es una forma de bajar la ansiedad, reducir discusiones y darle al niño una sensación de control y seguridad. Cuando el día es predecible, el cuerpo se defiende menos. Y cuando el cuerpo se defiende menos… aparecen los aprendizajes.
Si ahora mismo sentís que “todo cuesta” (los cambios, las transiciones, salir de casa, empezar deberes, ir al baño, apagar pantallas…), este recurso puede ayudaros a poner estructura sin rigidez, y límites sin pelea. Te explico cómo montarlo paso a paso, cómo introducirlo para que no se convierta en otra carga, y qué hacer cuando “no quiere mirarlo”.
Importante: la plantilla/agenda que aparece en el ejemplo se basa en material de ARASAAC. Más abajo te dejo un enlace directo a un material concreto para que puedas inspirarte y adaptarlo.
Por qué un cuaderno de rutinas ayuda tanto
Muchas veces pensamos que el problema es “no hace caso”, “se niega” o “se enfada por todo”. Pero, en el autismo, gran parte del sufrimiento diario viene de algo más básico: la incertidumbre.
Cuando un niño no sabe qué toca, cuánto dura, qué viene después o si va a haber sorpresas, su sistema nervioso se pone en alerta. Y en alerta no se negocia, no se aprende y no se “razona”: se sobrevive. Por eso, un cuaderno de rutinas funciona tan bien cuando está bien planteado: convierte lo invisible en visible. Y lo visible suele ser más tolerable.
Además, no se trata de controlarte a ti ni de “cuadrar al niño”. Se trata de algo muy concreto: darle un mapa para moverse por el día con menos miedo.
Qué es exactamente un cuaderno de rutinas (y qué no es)
Qué es: una herramienta visual y manipulable (con pictogramas, fotos o palabras) que muestra la secuencia del día o de una parte del día. Ayuda a anticipar, elegir, terminar, pedir ayuda y transitar cambios con menos sobrecarga.
Qué no es:
- No es un sistema para “portarse bien”.
- No es un castigo (“si no lo sigues, te quedas sin…”).
- No es una agenda perfecta que tenga que cubrirlo todo.
- No es rígido por definición: puede ser flexible sin perder estructura.
Piensa en él como en una barandilla: no camina por tu hijo, pero le da apoyo para caminar.
Beneficios reales en casa y en el cole
- Menos ansiedad: al saber qué viene después, baja el miedo a la sorpresa.
- Más autonomía: el niño puede participar (“ahora toca…”, “después…”).
- Mejor comunicación: especialmente útil si es no hablante o le cuesta expresarse: puede señalar lo que necesita o lo que le preocupa.
- Transiciones más suaves: cambiar de actividad duele menos cuando está anticipado.
- Más calma para toda la familia: porque se discute menos desde el desgaste.
- Flexibilidad organizada: se pueden introducir cambios sin que sea un terremoto (te enseño cómo más abajo).
En el cole también puede ser un apoyo enorme: para el inicio de la mañana, el cambio de clase, el comedor, el final de jornada… Si el centro ya usa apoyos visuales, vuestro cuaderno puede alinearse con lo que trabajan allí.
Antes de montarlo: el error que lo estropea todo
El error más común es querer empezar “a lo grande”: una rutina completa, con demasiadas páginas, demasiados pictos, demasiado detalle… y entonces el cuaderno acaba en un cajón. No porque la idea sea mala, sino porque no es sostenible.
La clave es empezar pequeño y ganar confianza.
Regla de oro: un cuaderno de rutinas funciona si te facilita la vida, no si te la complica.
Materiales (versión simple y versión “pro”)
No hace falta gastarse mucho. Elige según tu energía real (no la ideal).
Versión simple (para empezar ya)
- Un cuaderno o carpeta pequeña con fundas (tipo archivador A5/A6).
- Imágenes (pictogramas o fotos) impresas en papel normal.
- Tijeras y celo (o pegamento).
- Opcional: velcro adhesivo (si quieres que las tarjetas se muevan).
Versión “pro” (más resistente)
- Archivador con anillas + separadores por momentos del día.
- Plastificadora (si la tienes) o fundas de plástico.
- Velcro adhesivo de buena calidad.
- Anillas pequeñas o llavero de tarjetas para “rutinas mini” (baño, cepillado, salida de casa).
Consejo práctico: si tu hijo rompe, muerde o arruga, compensa invertir en resistencia. Si no, empieza simple. Lo importante es que lo uséis.
Cómo hacerlo paso a paso
1) Elige 3 momentos clave del día
En lugar de cubrir todo, empieza por lo que más cuesta. Tres ejemplos típicos:
- Mañanas: despertar → vestirse → desayunar → mochila → salir.
- Vuelta del cole: casa → merienda → descanso → tarea/actividad.
- Noche: cena → baño → pijama → cuento → dormir.
Si el conflicto principal es uno (por ejemplo, el baño o apagar la tele), empieza por ahí. Un cuaderno no tiene que ser “perfecto”: tiene que ser útil.
2) Define el formato
Hay dos formatos que suelen funcionar muy bien:
- Secuencia fija: “esto pasa y luego esto”. Ideal para momentos repetitivos (mañana/noche).
- Panel de elección: “ahora toca descanso, ¿prefieres A o B?”. Ideal para reducir luchas sin perder límites.
Muchos niños necesitan ambas cosas: una secuencia para sostener el día y pequeñas elecciones para sentir control.
3) Prepara los apoyos visuales
Puedes usar:
- Pictogramas (si los entiende bien).
- Fotos reales (si necesita máxima concreción: su baño, su cama, su abrigo, su cole).
- Texto (si ya lee y le calma leer).
Si dudas, prueba una semana. La señal es clara: si le baja la ansiedad, es el formato correcto.
Aquí tienes un material que puede servirte como base o inspiración: Plantilla/agenda de ARASAAC (material 3841).
4) Monta el cuaderno
Para que sea manejable, piensa en páginas “de 5–7 pasos” como máximo. Ejemplo de página de mañana:
- Despertar
- Ir al baño
- Vestirse
- Desayunar
- Mochila
- Zapatos
- Salir
Si un paso se atranca siempre (por ejemplo “vestirse”), puedes desglosarlo dentro de una mini-rutina aparte. Eso evita que toda la mañana se caiga por una sola pieza.
5) Enséñalo sin que sea una “tarea”
Este punto marca la diferencia. Si el cuaderno entra como “obligación”, se convierte en otro motivo de rechazo.
- Empieza en calma: no lo estrenes en un momento de crisis.
- Usa frases cortas: “Mira, hoy toca esto, y después esto”.
- Hazlo manipulable: si hay velcro, que quite el pictograma “hecho”. A muchos niños les calma ver el avance.
- Refuerza con presencia: no con premios. El premio real es “te entiendo y te acompaño”.
Y algo importante: si un día no funciona, no es fracaso. Es información. Quizá hay demasiados pasos, o falta una opción de pausa, o el momento del día está demasiado cargado.
6) Hazlo flexible (sin romper la seguridad)
La vida cambia. Y ahí viene el miedo: “si se lo cambio, explota”. Por eso, la flexibilidad se enseña con estructura. Dos ideas sencillas:
- Tarjeta “cambio”: una tarjeta que diga “Cambio” o “Hoy es diferente”. Se pone antes del paso que varía.
- Tarjeta “pausa”: una opción de “descanso” o “rincón tranquilo” para regular antes de seguir.
Cuando el niño ve que hay un “plan” incluso para lo inesperado, el cambio duele menos.
Ejemplos de páginas que suelen funcionar
Te dejo ideas reales (elige solo las que necesites):
- Salida de casa: abrigo → zapatos → llaves → ascensor/calle → coche.
- Rutina de baño: pipí/caca → limpiar → bajar/subir ropa → lavar manos.
- Transición de pantallas: aviso 5 minutos → “último vídeo” → apagar → actividad puente (puzzle, plastilina, paseo corto).
- Deberes: preparar mesa → 10 minutos → pausa → 10 minutos → terminar.
- Emociones: “me siento…” + “puedo…” (respirar, apretar cojín, pedir abrazo, pedir parar).
Si te interesa crear rutinas muy concretas con guion visual (por ejemplo, para eventos o situaciones sociales), en este post te explico cómo hacerlo: Historias sociales: cómo crearlas para apoyar a personas autistas.
Y si una de las rutinas que más os cuesta es el baño, aquí tienes una guía específica que puedes convertir en “mini-cuaderno” por pasos: Cómo ayudar a un niño autista a dejar el pañal.
Problemas frecuentes y soluciones (sin culpas)
“No quiere mirar el cuaderno”
- Empieza por una sola página y en un momento neutro.
- Prueba a poner fotos reales si los pictos no conectan.
- Reduce pasos: a veces hay demasiada información.
- Usa el cuaderno tú primero (“ahora toca…”) sin exigir que lo mire. La exposición suave ayuda.
“Se obsesiona y se pone rígido con el orden”
- Introduce la tarjeta “Cambio” de forma muy pequeña (un cambio mínimo a la semana).
- Incluye una opción segura: “Si hay cambio, después viene X” (algo predecible).
- Recuerda: la rigidez suele ser miedo, no terquedad.
“Funciona en casa, pero no en la calle”
- Crea una versión mini (tarjetas en llavero o móvil) con 3–4 pasos máximos.
- Incluye “pausa” y “quiero irme” como opciones comunicativas, para evitar escaladas.
“Me da mucha carga prepararlo (imprimir, recortar…)”
Entonces estás intentando hacerlo “perfecto” cuando lo que necesitas es que sea posible. Empieza con 6 fotos del móvil y un cuaderno. Ya habrá tiempo de plastificar si os ayuda de verdad.
Cuando conviene pedir apoyo
Un cuaderno de rutinas ayuda muchísimo, pero no sustituye otras necesidades. Pide apoyo si:
- hay crisis muy intensas diarias y la rutina no sostiene nada;
- hay mucha ansiedad o evitación constante (todo es “no”);
- el niño parece vivir en alerta (sueño muy alterado, irritabilidad, agotamiento);
- hay dificultades fuertes de comunicación y necesitáis un sistema más completo.
En algunos casos, complementar el cuaderno con un comunicador visual puede facilitar muchísimo el día a día. Si te interesa, aquí tienes una opción gratuita basada en pictogramas: AsTeRICS Grid: comunicador gratuito por pictogramas.
Cierre
Un cuaderno de rutinas no es una “agenda bonita”. Es una herramienta de regulación: ayuda al niño a entender el día, a anticipar cambios y a sentirse más seguro. Y cuando hay seguridad, hay margen para aprender, colaborar y estar mejor.
Si quieres, cuéntame en comentarios: ¿qué momento del día os cuesta más ahora mismo (mañanas, baño, pantallas, deberes, dormir…)? Y una pregunta más: ¿tu peque entiende mejor pictogramas o fotos reales? Con eso es más fácil elegir el primer paso.
Y para que quede una idea clara al final: un cuaderno de rutinas en el autismo funciona cuando se adapta al niño (no al revés) y se construye desde la calma, no desde la prisa.


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