Niño autista aprende a turnarse y proteger sus objetos personales

¿Por qué mi hijo autista no quiere compartir?

“Hay que compartir.” “Déjale el juguete.” “Eso no es solo tuyo.”

Compartir puede ser una experiencia positiva, pero no debe convertirse en una obligación permanente. Para muchos niños autistas, prestar un objeto implica perder control, interrumpir una actividad reguladora o aceptar una norma social que no se ha explicado con claridad.

La meta no es que entregue cualquier cosa cuando un adulto lo ordena. Es que aprenda, de forma gradual, a diferenciar entre objetos personales y materiales compartidos, pedir turnos, prestar cuando quiere y decir “no” sin que eso provoque una situación de riesgo.

Compartir no es lo mismo que turnarse

Estas situaciones son diferentes:

  • Compartir: varias personas utilizan un recurso común.
  • Prestar: una persona entrega su objeto durante un tiempo y espera recuperarlo.
  • Turnarse: cada persona utiliza el material durante un periodo concreto.
  • Participar juntos: dos personas hacen una actividad sin que nadie tenga que entregar su objeto personal.

Puede resultar más fácil empezar por turnos breves con un material que no sea especial. No es necesario comenzar con el objeto de apego ni con aquello que utiliza para regularse.

Por qué puede ser difícil

Un niño puede negarse a prestar un objeto porque:

  • lo necesita para sentirse seguro o concentrarse;
  • no sabe cuándo lo recuperará;
  • ha vivido que otras personas se lo quitan, rompen o no lo devuelven;
  • la espera le resulta demasiado difícil;
  • la actividad del otro niño es imprevisible o invasiva;
  • no dispone de una forma clara de decir “ahora no” o “devuélvemelo”.

También puede haber una diferencia entre el lenguaje aprendido y la comprensión real. Repetir “hay que compartir” no explica qué ocurrirá, durante cuánto tiempo ni cómo puede recuperar el objeto.

Separa los objetos personales de los compartidos

En casa, la escuela o el parque, identifica qué cosas son personales y cuáles se pueden utilizar entre varias personas. Un pictograma, una caja o una etiqueta visual puede ayudar:

  • “Mis cosas: no se prestan sin preguntar”.
  • “Cosas para turnarse”.
  • “Cosas de todos”.

Esto protege especialmente los objetos de apego y evita que el niño tenga que defenderlos continuamente. Respetar sus pertenencias también enseña a respetar las de los demás.

Enseña una petición concreta

Modela frases, gestos o pictogramas como:

  • “¿Me lo prestas?”
  • “Ahora no.”
  • “Cuando termine.”
  • “Un turno.”
  • “Devuélvemelo, por favor.”
  • “Necesito ayuda.”

La respuesta “no” debe tener valor. Si la persona nunca puede negarse, aprenderá que las peticiones de los demás están por encima de sus límites. Puedes ofrecer una alternativa: “Ese no. Puedes elegir este otro” o “Ahora lo está usando. Después te toca”.

Haz visible el turno

Utiliza un temporizador visual, una tarjeta de “mi turno/tu turno” o una secuencia de fotografías. Empieza con turnos cortos y claros, y termina anunciándolo con una señal de “hecho”.

Ejemplo:

  1. “Primero mi turno”.
  2. “Después tu turno”.
  3. El temporizador se termina.
  4. Se devuelve el objeto.

No prometas que el turno durará “un rato”. Indica algo que pueda comprender: una canción, tres lanzamientos, cinco piezas o el tiempo que marca el temporizador. Si la espera es difícil, puedes consultar nuestra guía sobre cómo enseñar a esperar.

Practica con actividades de bajo riesgo

Comienza con juegos cooperativos y materiales que no sean especiales: construir una torre entre dos, pasar una pelota, añadir piezas por turnos, cocinar con utensilios duplicados o hacer una actividad en la que cada persona tenga su propio material.

Da por terminado el juego antes de que la persona esté agotada. Es preferible una experiencia breve en la que el objeto se devuelve y todo acaba bien que insistir hasta que aparezca una crisis.

No fuerces el objeto de apego

Un peluche, una cuerda, una tablet, una figura o cualquier objeto que ayude a regularse no debe utilizarse como herramienta para enseñar a compartir. Si se lo quitan, puede perder el apoyo que necesitaba para participar.

Primero protege el objeto y ofrece otros materiales. Si algún día quiere mostrarlo o prestarlo, debe poder decidir cuánto tiempo, a quién y en qué condiciones. Un adulto puede acompañar la situación sin convertirla en una exigencia.

Qué hacer si otro niño quiere su juguete

Intervén antes de que tenga que defenderse:

  • “Ese objeto es suyo. Vamos a preguntar”.
  • “Ahora no quiere prestarlo. Puedes elegir otro”.
  • “Cuando termine, veremos si hay turno”.
  • “No se lo quitamos de las manos”.

Si el niño se altera, retira la demanda, aumenta la distancia y ayuda a comunicar “no”. No le obligues a entregar el objeto para demostrar que es amable. La convivencia se enseña protegiendo a todas las personas, no ignorando los límites de una de ellas.

Compartir también puede ser compartir espacio

Algunos niños prefieren jugar al lado de otra persona, imitar una acción o realizar una actividad paralela. Eso también puede ser una forma válida de participación social. No es necesario exigir juego simbólico conjunto, contacto físico o intercambio constante para considerar que están relacionándose.

Observa qué tipo de interacción disfruta y construye desde ahí. Los apoyos sensoriales y el entorno influyen mucho en la disponibilidad para jugar; puedes revisar nuestra guía sobre perfiles sensoriales.

Si aparece una crisis

Reduce las palabras, protege el espacio y evita sujetar o arrebatar el objeto salvo que exista un peligro inmediato. Cuando se calme, no conviertas el episodio en una lección sobre compartir. Analiza qué ocurrió: ¿había una petición inesperada?, ¿no se devolvió el objeto?, ¿el turno era demasiado largo?, ¿había cansancio o ruido?

La siguiente oportunidad debe ser más sencilla y contar con mejores apoyos.

La autonomía incluye poder decir que no

Aprender a prestar puede ser útil, pero aprender a proteger las propias pertenencias, pedir permiso y rechazar un contacto o una petición también es autonomía. Un niño no demuestra empatía cuando entrega algo bajo presión; la empatía se construye mejor cuando se siente seguro y puede elegir.

Enseña turnos, comunicación y acuerdos. No obligues a compartir aquello que necesita para regularse. El respeto que hoy ofrecemos a sus límites será también el modelo que utilizará para respetar los límites de otras personas.

Esta información es educativa y no sustituye una valoración individual. Adapta los apoyos a la edad, la comunicación y las necesidades de cada niño.

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