Si estás intentando perder el miedo al “qué dirán” cuando tienes un hijo con autismo, te entiendo más de lo que imaginas. Porque no es solo vergüenza: es cansancio, es juicio, es esa sensación de estar siempre “bajo lupa” cuando sales a la calle, cuando vas al cole o cuando estás con familia. Y llega un momento en el que no te duele lo que pasa… te duele cómo te miran mientras pasa.
Vamos a ponerlo en palabras claras: el “qué dirán” no es una tontería. Es una carga mental constante. Y si no lo trabajas, acaba decidiendo por ti: te hace evitar planes, te encierra en casa, te aleja de gente que quieres, y encima te hace sentir culpable por querer una vida normal.
El “qué dirán” tiene una trampa: te hace criar en modo defensa
Cuando una familia vive con miedo al juicio, empieza a hacer cosas por supervivencia social:
- Evitar restaurantes, parques, cumpleaños, reuniones.
- Decir “sí” a cosas que tu hijo no puede tolerar.
- Forzar “comportarse” para que no os miren.
- Entrar en batalla en público por miedo a que piensen que no educas.
- Justificarte todo el rato: “es que…” “lo que pasa es…”
Y ahí aparece una realidad muy dura: tu hijo nota esa tensión. Nota el miedo. Nota la prisa. Nota la vergüenza. Y en muchos niños eso aumenta la ansiedad, la rigidez y la probabilidad de crisis.
Si esto te resuena, quizá también te sirva leer esto: Autismo: lo que debemos evitar, porque a veces sin querer entramos en dinámicas que empeoran todo… solo por “quedar bien”.
Y ojo: el juicio social no solo aparece en crisis
Esto quiero dejarlo muy claro porque a muchas familias les pesa incluso más: no hace falta que haya una crisis para que la gente mire mal.
A veces tu hijo simplemente:
- grita o hace sonidos porque sí (porque se regula, porque prueba, porque descarga),
- salta, aletea, corre en círculos o se mueve sin parar,
- camina de puntillas,
- se tira al suelo un momento (no por “montarla”, sino porque el cuerpo pide bajar),
- se tapa los oídos, se balancea, se queda mirando fijamente algo,
- se ríe solo, repite frases, o hace movimientos raros para el resto.
Y ahí es cuando te llega esa mirada de desaprobación tipo: “este niño está mal” / “sus padres pasan” / “qué educación…”
Pero muchas de estas cosas no son “mala conducta”. Son formas de autorregulación, de descargar tensión, de ordenar el cuerpo o de sostenerse en un entorno que para ellos a veces es demasiado.
Y esto cambia mucho el enfoque: no se trata de apagarlo para que nadie mire. Se trata de preguntarte: ¿esto le ayuda o le hace daño?
- Si le ayuda y no hace daño a nadie, lo que sobra es la vergüenza (no tu hijo).
- Si le hace daño a él o a otros, entonces sí: buscamos apoyos y alternativas… pero desde la calma, no desde la imagen.
Primero: no estás exagerando. El juicio social existe
Hay un tipo de mirada que lo cambia todo. Esa mirada que dice “tu hijo es maleducado” o “tú no le pones límites”. Esa mirada que te evalúa en 3 segundos sin saber:
- si tu hijo viene reventado del cole,
- si tiene hipersensibilidad al ruido,
- si se ha desbordado por una transición,
- si está en crisis (meltdown) y no en “rabieta”,
- si no puede comunicar lo que le pasa.
Y por si quieres ponerle nombre: muchas conductas públicas que parecen “desobediencia” son desborde. Si necesitas esa claridad porque te ayuda a sostenerte, aquí lo tienes: Cómo distinguir una crisis de una rabieta en el autismo.
Lo que más te engancha al “qué dirán” no es la gente: es la historia que te cuentas
Te voy a decir algo incómodo, pero liberador: lo que te revienta no es solo la mirada del otro. Es lo que tu cabeza traduce en ese momento.
Por ejemplo:
- “Van a pensar que soy mala madre/mal padre.”
- “Se creen que mi hijo es un caprichoso.”
- “Me están juzgando.”
- “Tengo que controlar esto ya.”
Y con esa traducción interna, tu cuerpo entra en alarma. Te tensas. Te aceleras. Te sale el impulso de arreglarlo rápido. Y el niño, que ya está mal (o simplemente está regulándose a su manera), lo siente.
El primer paso para soltar el “qué dirán” es cambiar la frase base. Una más realista:
“No tengo que demostrar nada. Tengo que cuidar a mi hijo y cuidarme.”
La clave práctica: dejar de explicar y empezar a poner límites
Una de las cosas que más desgastan es sentir que tienes que dar explicaciones. Como si tuvieras que justificar vuestra existencia.
Y aquí viene un giro importante: no le debes explicaciones a todo el mundo.
Lo que sí puedes preparar son frases cortas para salir del paso sin entrar en discusión. Te dejo un “banco de frases” realista:
Frases para desconocidos (cortas, sin abrir debate)
- “Gracias, lo tengo.”
- “Está en un momento difícil, ya nos vamos.”
- “Necesita espacio, por favor.”
- “No es falta de educación, es una crisis.”
- “Se está regulando, ya está.”
Frases para familia (con un poco más de firmeza)
- “Te agradezco la intención, pero ahora mismo lo que necesita es calma.”
- “Si quieres ayudar, deja de comentar y acompáñanos con tranquilidad.”
- “No vamos a forzarle para que parezca ‘normal’. Vamos a regular.”
- “Caminar de puntillas / saltar / moverse no es mala educación. Es su forma de estar.”
Frases para el colegio (sin entrar en culpa)
- “No es que no quiera, es que no puede en ese contexto.”
- “Necesita ajustes, no más presión.”
- “Con anticipación y apoyos, funciona mejor.”
Si el tema escuela te está desgastando, te puede ordenar mucho esta guía: Qué hacer si no respetan los derechos de tu hijo autista.
Un cambio mental que ayuda: “no estoy educando para el público”
Muchas veces el “qué dirán” te empuja a educar de cara a los demás. A que tu hijo parezca tranquilo. A que “no moleste”. A que encaje.
Pero tu hijo no está aquí para encajar. Está aquí para vivir.
Y tú no estás aquí para dar una imagen perfecta. Estás aquí para construir un hogar que funcione.
Esta idea suele aliviar muchísimo: yo no educo para que no me miren. Yo acompaño para que mi hijo esté bien.
Cuando te pasa en público: plan en 4 pasos (para no derrumbarte)
Esto es lo que ayuda cuando estás en mitad de una situación y tu cabeza empieza: “nos están mirando”.
1) Micro-objetivo: seguridad y salida
No intentes “arreglarlo”. Piensa: seguridad y salida. Punto.
2) Baja el lenguaje
Frases cortas. Voz baja. Menos palabras = menos carga.
3) Protege el cuerpo del niño (y el tuyo)
Si necesitas, crea una barrera con tu cuerpo para que no se acerque la gente. No es ser borde. Es cuidar.
4) Repite una frase interna
Algo tipo: “No tengo que convencer a nadie. Tengo que regular.”
Ese diálogo interno es oro. Porque la gente pasará… pero tú te quedas con tu hijo.
El “qué dirán” también se alimenta de la soledad
Hay algo que nadie dice, pero se nota: cuando estás sola o solo criando, el juicio pesa el doble. Porque no hay relevo. Porque todo cae sobre ti. Porque no tienes con quién desahogarte sin sentir que estás exagerando.
Si te pasa eso, quizá esta entrada te toque fuerte: Si estás criando en soledad, esta tribu es para ti.
No porque “te falte algo”, sino porque criar así sin tribu es una barbaridad.
Cómo preparar a la familia (sin pelearte cada comida)
Otra fuente brutal del “qué dirán” es la familia: cenas, reuniones, celebraciones. Y lo típico:
- “Que se siente bien.”
- “Que salude.”
- “Que pruebe.”
- “Que no haga eso.”
Aquí lo que funciona no es discutir en el momento. Lo que funciona es preparar el terreno antes. Un mensaje simple:
“Para que la comida vaya bien, necesitamos dos cosas: no comentarios delante de él y un espacio donde pueda regular si se satura.”
Y si alguien te suelta el clásico “en mis tiempos…”, una respuesta útil es:
“Yo también tengo valores y límites. Lo que cambia es la forma de acompañar, porque su cerebro funciona distinto.”
Si necesitas recursos para explicarlo sin entrar en guerra, este post te lo deja muy masticado: Cómo explico a mi familia que mi hijo es autista.
La culpa: el combustible oculto del “qué dirán”
Muchas familias no tienen miedo al juicio por soberbia. Lo tienen por culpa.
Porque sienten:
- que no están haciendo suficiente,
- que su hijo “molesta”,
- que están fallando.
Y aquí necesito decirte algo directo: tu hijo no es un problema social. Es un niño con necesidades.
Cuando la culpa se cuela, aparece el intento de compensar: forzar, justificar, aguantar de más, ir a sitios que no toca… y eso acaba en crisis.
Lo que de verdad ayuda es cambiar la pregunta:
En vez de “¿qué pensarán?”, pregunta “¿qué necesita ahora mismo?”
Plan de 7 días para soltar el “qué dirán” sin hacerte la valiente
Si estás hasta arriba y necesitas pasos concretos, prueba esto una semana:
Día 1: elige tu frase ancla
Una sola. Repetible. Ejemplo: “No tengo que demostrar nada. Tengo que cuidar.”
Día 2: prepara 3 frases para desconocidos
Y prométete que no entrarás en debate.
Día 3: prepara un “plan salida” para dos sitios
Parque y súper, por ejemplo: dónde te pones, a dónde sales, qué llevas.
Día 4: habla con una persona segura
Una. Solo una. Y suelta: “Estoy agotada/o del juicio”.
Día 5: elige una actividad “pequeña” y ve con objetivo de regulación
No con objetivo “portarse bien”. Con objetivo “volver enteros”.
Día 6: haz una lista de lo que SÍ has sostenido
Porque tu cabeza solo te enseña lo que falta.
Día 7: decide un límite
Uno. Con familia o con entorno. Ejemplo: “No acepto comentarios sobre su conducta delante de él”.
Si todo esto te remueve… es normal
El juicio social duele porque te toca donde eres más vulnerable: en tu identidad como madre o padre.
Y si además hay ansiedad, insomnio o desgaste fuerte, pedir ayuda psicológica no es “fracasar”. Es cuidar del sistema familiar.
Cierre
Perder el miedo no es que un día te dé igual todo. Es que un día, en mitad del ruido, eliges a tu hijo y te eliges a ti. Y te da más fuerza tu verdad que la mirada ajena.
Y por si hoy necesitas leerlo así, sin adornos: perder el miedo al “qué dirán” cuando tienes un hijo con autismo no es volverte dura. Es volverte libre.
Pregunta para comentarios: ¿qué situación te pesa más: el cole, la familia, las crisis en la calle, o esos “comportamientos” (gritos, saltos, puntillas, tirarse al suelo) que la gente mira fatal aunque no estén haciendo daño? Si te apetece, déjalo en una frase (o un ❤️) y te leo.


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