La llegada de un hijo transforma la vida de cualquier familia. Pero cuando hablamos de autismo, la vida social suele cambiar de una forma que no te cuentan al principio.
De repente hay menos invitaciones, más miradas, más “ya quedamos” que nunca llegan… y una sensación muy concreta: te estás quedando sola.
Si esta parte te está doliendo, te lo dejo claro desde ya: no es que lo estés haciendo mal. Es que es difícil de verdad. Y si ahora mismo estás criando así, te puede venir bien leer esto: Si estás criando en soledad, esta tribu es para ti.
¿Cómo cambia la vida social con un hijo autista?
- Aislamiento inicial. Muchas familias se sienten abrumadas al principio y evitan reuniones por miedo a juicios, por cansancio o porque no hay espacios adaptados.
- Cambio de prioridades. Terapias, citas, rutinas, sueño… y el poco margen que queda lo usas para sobrevivir, no para socializar.
- Pérdida de amistades. A veces por falta de comprensión, otras por incomodidad, otras por pura ignorancia. Y duele.
- Falta de espacios inclusivos. Muchísimas actividades siguen pensadas para niños “fáciles” y familias “sin necesidades”.
Y aun así, construir una vida social más amable sí es posible. No siempre como antes, pero puede ser más real, más segura y mucho más tuya.
10 consejos para mejorar la vida social de tu familia
- Explica lo justo (sin dar explicaciones eternas). Tener una frase corta preparada te salva. Ejemplo: “Mi hijo es autista, el ruido le desregula; si necesitamos salir un momento, volvemos cuando esté bien”.
- Elige espacios con salida fácil. Sitios donde puedas irte sin sentirte observada: parques tranquilos, casas de confianza, planes con “puerta de escape”.
- Cambia “plan grande” por “microplanes”. A veces un café de 30 minutos vale más que una comida de 4 horas. Empieza pequeño.
- Anticipa y prepara (sin obsesionarte). Foto del lugar, quién va a estar, cuánto dura, qué se hace primero y qué después. La anticipación baja la ansiedad.
- Cuenta con lo sensorial. Ruido, luces, olores, multitudes… no es “manía”, es cuerpo. Si quieres entender esto a fondo, aquí lo tienes muy claro: Procesamiento e integración sensorial en el autismo.
- Reduce la culpa: no tienes que ir a todo. No estás obligada a cumplir con cada cumpleaños, cada reunión y cada evento. La prioridad es la estabilidad de tu familia.
- Si hay desregulación, mira el “por qué”, no el “qué”. Muchas veces lo social desregula por acumulación (cansancio + ruido + expectativas). Si te pasa mucho, te recomiendo este post: ¿Por qué mi hijo se desregula tanto? 6 claves que cambian tu forma de acompañarle.
- Aprende a cortar comentarios sin entrar al debate. “Gracias, ya lo estamos trabajando con profesionales / ya lo tenemos en cuenta” y fin. No te dejes arrastrar.
- Diferencia crisis de rabieta (para que no te machaques). Cuando tu hijo colapsa, no es “te está poniendo a prueba”. Aquí lo explico muy claro: Cómo distinguir una crisis de una rabieta en el autismo.
- Cuídate tú, porque sin ti no hay tribu. No es egoísmo, es supervivencia. Si te sientes agotada, este te va a tocar: ¿Quién cuida al cuidador?.
Una nueva forma de conectar
Aunque la vida social cambie, no significa que sea peor. A veces se convierte en una oportunidad para construir relaciones más profundas y auténticas.
Y sí: como familia neurodivergente también puedes ser una fuente de inspiración para otras personas, demostrando que la inclusión y la empatía son posibles en cualquier espacio.
¿Qué retos has enfrentado en tu vida social desde que supiste que tu hijo es autista? ¿Qué te ha funcionado a ti? Si te apetece, cuéntamelo en comentarios, aunque sea con un par de frases. De verdad te leo.


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