Si has llegado hasta aquí con el corazón apretado, con cansancio acumulado o con esa sensación de “no puedo más”, este post es para ti: 10 verdades que te sostienen cuando tu hijo es autista. No es un manual perfecto, ni una lista para exigirte más. Es un recordatorio amable para los días en los que todo pesa, en los que te sientes sola, juzgada o desbordada.
Guárdalo. Vuelve cuando lo necesites. Y si alguna verdad hoy no te entra, no pasa nada: hay días para respirar y días para sobrevivir. Hoy, estar aquí ya es un acto de amor.
1) No compares
Ni con el primo, ni con el compañero de clase, ni con el niño del parque, ni con el de Instagram. Comparar parece inofensivo, pero por dentro te deja una herida: “¿por qué el mío no?”, “¿qué estoy haciendo mal?”, “¿y si nunca…?”.
En autismo, el desarrollo rara vez es una línea recta. A veces avanza, a veces se estanca, a veces parece retroceder… y muchas veces está madurando por dentro aunque por fuera no lo veas. Por eso, la única comparación que merece la pena es esta: tu hijo hoy con tu hijo hace tres meses.
Mini acción para hoy: escribe una mejora pequeña (una sola). Puede ser “espera 10 segundos más”, “acepta una transición con ayuda”, “me mira cuando le llamo”, “tolera un sonido que antes le rompía”. Lo pequeño sostenido es enorme.
2) No escondas a tu hijo
Salir de casa cuesta. Lo sé. A veces da miedo por las miradas, por los comentarios, por el “y si se lía…”. Pero el mundo no se acostumbra a lo que no ve, y tu hijo no debería crecer con la sensación de ser “un problema que hay que tapar”.
Esto no significa obligarle a estar donde no puede. Significa elegir, poco a poco, espacios donde sí pueda estar con apoyos. Y significa que, cuando toque, tú seas su escudo: sin justificarte, sin pedir perdón por su existencia, sin tragarte la vergüenza ajena.
Hay un punto que suele doler mucho: cuando en público aparece una conducta y el entorno lo interpreta como “mala educación”. Muchas veces no es eso. Muchas veces es saturación o frustración sin herramientas para pedir lo que necesita. Si lo que más os rompe son las explosiones cuando “lo quiere ya”, quizá no es capricho: es tolerancia a la frustración todavía inmadura. Aquí tienes estrategias reales (si te encaja, léelo otro día con calma): Cómo le enseño a esperar: estrategias reales para desarrollar la tolerancia a la frustración.
3) Rodéate de red real
No siempre necesitas más información. A veces necesitas compañía. Una persona que no te juzgue. Que no te suelte “pues yo haría…”. Que no minimice. Que te deje decir “hoy estoy fatal” sin convertirlo en un debate.
La red no es un lujo. Es salud mental. Porque hay frases que solo entiende quien vive esto: “me siento sola”, “estoy agotada”, “hoy he perdido la paciencia”, “me da miedo el futuro”, “no sé si lo estoy haciendo bien”. La red sostiene, valida y te devuelve humanidad.
Mini acción para hoy: escribe a una persona segura. Solo un mensaje: “hoy me está costando”. No para resolver, solo para no cargar sola.
4) Si algo no funciona, cambia
Terapias, profesionales, colegios, estrategias, rutinas… lo que sirvió antes puede dejar de servir. Cambiar no es fallar: es ajustar. Es mirar a tu hijo de hoy, no al de hace un año.
A veces nos aferramos por miedo: “si lo dejo, empeora”, “si cambio, tiro por la borda lo avanzado”. Pero la vida cambia, el cuerpo cambia, el sistema nervioso cambia. Y lo valiente no es aguantar por orgullo: lo valiente es tener permiso interno para decir “esto ya no nos está ayudando”.
Si necesitas volver a lo esencial (sin fórmulas mágicas), esta lectura puede darte perspectiva sin exigencia: Lo que de verdad funciona.
5) Tu hijo te necesita fuerte, pero también real
La “madre fuerte” no es la que nunca se rompe. Es la que se permite sentir y aun así vuelve. Tu hijo no necesita perfección. Necesita un adulto que se repare, que pida apoyo, que respire, que se trate con la misma compasión que le ofrece a él.
Esto es difícil de aceptar porque muchas madres se colocan una armadura: “yo puedo con todo”. Y un día esa armadura pesa tanto que te aplasta. Si hoy estás ahí, por favor: no te castigues. Estás sosteniendo muchísimo.
Mini acción para hoy: baja el listón a “lo suficiente”. Comida sencilla. Pantalla sin culpa si hace falta. Una ducha aunque sea rápida. Un “hoy sobrevivo y mañana vuelvo a intentarlo”.
6) No todo se ve al momento
Repetir, anticipar, enseñar, acompañar, sostener… a veces parece que no sirve de nada. Hasta que un día, de golpe, ocurre: espera, entiende, tolera, pide, mira, se regula un poco mejor. Y te quedas pensando: “¿desde cuándo podía?”.
En autismo, muchísimas cosas maduran por dentro antes de aparecer fuera. Por eso tu esfuerzo no es inútil aunque no se vea hoy. Tu constancia deja huella incluso cuando no hay resultados inmediatos.
Mini acción para hoy: celebra el proceso. Un “lo intentaste” vale más de lo que parece.
7) Tu hijo te entiende, aunque no lo diga
Muchos niños no podían comunicarse… hasta que un día encontraron la forma. Y cuando la encontraron, contaron cosas de años atrás. Por eso, una regla de oro: nunca des por hecho que no escucha.
Habla con respeto delante de él. No lo infantilices. No lo etiquetes como si no estuviera. Aunque no responda, aunque no mire, aunque su cuerpo no acompañe, puede haber comprensión y emoción dentro.
Mini acción para hoy: cambia una frase. En vez de “no se entera”, prueba “aún no tenemos la forma de que lo muestre”. Esa mirada protege muchísimo.
8) No te adelantes al futuro
El futuro asusta porque es incierto, y cuando tenemos miedo intentamos controlar. Pero vivir en “¿y si…?” te roba el presente y te deja sin fuerzas para lo único que sí construye: el paso de hoy.
A muchas familias les ayuda hacer el tiempo y los cambios “visibles” con apoyos visuales (porque lo invisible genera ansiedad). Si te encaja, aquí tienes ideas prácticas: Anticipadores y calendarios.
Mini acción para hoy: elige una sola cosa para mañana (una). Lo demás, lo resolveréis cuando llegue.
9) Relativiza (sin minimizar)
Relativizar no es “dejar pasar”. Es no convertir cada error en tragedia. Es entender que aprender habilidades lleva tiempo, repetición y seguridad. Y que tú también tienes derecho a equivocarte sin machacarte después.
¿Hizo algo “fuera de lugar”? Enséñale. Corrige. Pero no te hundas. No se acaba el mundo porque hoy se haya desregulado en el supermercado o porque haya usado tu blusa como servilleta. Respira. Todo se aprende.
Mini acción para hoy: en vez de “otra vez lo mismo”, prueba “aún está aprendiendo”. Y piensa: ¿qué apoyo faltó aquí?
10) Cree en tu hijo, incluso cuando nadie más lo haga
Tu hijo necesita que tú seas su primer creyente. Si tú ves capacidad, él la siente. Si tú ves potencial, él camina hacia ahí. Tu mirada es su impulso.
Hay miradas que apagan: “no va a poder”, “no llegará”, “es así y ya”. Y hay miradas que sostienen: “vamos a encontrar la forma”, “a tu ritmo”, “yo te veo”. No necesitas prometerle un futuro perfecto. Necesita sentir que no le quitas la esperanza.
Y si en casa la rigidez mental os está agotando (porque cualquier pequeño cambio lo rompe todo), puede ayudarte entenderlo con más calma y con herramientas concretas: Rigidez mental en el autismo: cómo trabajarla en casa.
Cierre
Si hoy estás cansada, si hoy sientes que no puedes más, vuelve a esto: estás sosteniendo muchísimo. No tienes que hacerlo perfecto para hacerlo bien. Ojalá este post te recuerde, en los días difíciles, estas 10 verdades que te sostienen cuando tu hijo es autista.
¿Cuál de estas verdades necesitabas leer hoy? Te leo en comentarios.
Y por si te ayuda guardarlo como ancla: 10 verdades que te sostienen cuando tu hijo es autista.


Deja una respuesta