Hoy entramos en una de las formas más típicas de procesar en la mente autista: el pensamiento dicotómico, ese “todo o nada” que tantas veces nos deja con la sensación de que no hay término medio. Seguro que lo has vivido: si pierde una partida, no quiere volver a jugar; si en el cuaderno aparece un tachón, ya siente que todo está mal; si un plan cambia, decide que no quiere hacer nada. Puede parecer terquedad, pero en realidad es una manera de calmar la incertidumbre.
El mundo está lleno de matices, de normas sociales implícitas, de cambios de última hora. Y ese terreno intermedio puede resultar confuso y hasta doloroso. Para reducir el caos, la mente autista suele simplificar y dividir en dos cajitas: correcto/incorrecto, éxito/fracaso, sí/no. Esa claridad les da calma, aunque a la larga pueda generar mucha ansiedad.
Imagina que tu hijo ve las cosas como un folio en blanco: un solo borrón puede hacerle sentir que el folio entero está arruinado. O como una partida de cartas: si pierde una mano, siente que ha perdido toda la partida. Esa visión extrema no es capricho: es su forma de darle estructura a un mundo que se siente ambiguo.
En casa lo notamos en muchas escenas: en los deberes, si no está perfecto se rompe la hoja; en los juegos, si no gana abandona; en los planes, si algo cambia, siente que nada tiene sentido. Ese “blanco o negro” desgasta, pero tenemos herramientas para enseñarles a descubrir que también existen los tonos intermedios.
Una técnica muy práctica es la escala del 0 al 5. En lugar de “bien o mal”, podemos construir juntos una escala visible: 0 fatal, 1 mal, 2 regular, 3 bien, 4 muy bien, 5 excelente. Después añadimos ejemplos reales: “si hago un ejercicio con una falta, sigue siendo un 3, no es un 0”. Esa pequeña variación baja la presión.
También sirve enseñarles a sostener dos verdades a la vez con la palabra “y”: “Estoy enfadado y quiero intentarlo otra vez”. “Quería el vaso azul y puedo usar el verde”. Al principio cuesta, pero poco a poco abre la puerta a la flexibilidad.
Las reglas condicionales son otra estrategia eficaz: “si… entonces…”. Por ejemplo: “Si llegamos al parque y hay mucha gente, entonces vamos primero al rincón tranquilo”. “Si me siento nervioso, entonces uso mis cascos cinco minutos”. Son fórmulas claras que aportan seguridad.
Un truco sencillo cuando hay cambios: siempre señalar qué se mantiene igual y qué cambia. Eso es como darle un “botón de contexto” que amortigua el golpe del imprevisto.
No esperes resultados inmediatos. La rigidez no desaparece en una semana, pero sí se entrena poco a poco. Cada vez que tu hijo logra pasar de un “todo o nada” a un “puede haber un punto medio”, está construyendo una herramienta valiosa para su vida.
Te dejo un mini-plan semanal para practicar:
- Día 1: identifica una situación concreta de “todo o nada”.
- Día 2: crea juntos la escala del 0 al 5.
- Día 3: inventad dos reglas “si… entonces…”.
- Día 4: aplica el botón de contexto en un cambio pequeño.
- Día 5: ensayad frases con “y”.
- Día 6: revisad qué funcionó mejor.
- Día 7: celebrad cualquier avance, por pequeño que sea.


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