Si estás intentando cuidar a los hermanos neurotípicos cuando en casa hay un niño autista, te entiendo. Porque esto no va de “querer mucho a los dos” (eso ya lo haces). Va de sostener una familia real, con días buenos y días durísimos, sin que el hermano o la hermana que “no tiene el diagnóstico” se quede invisible por el camino.
En muchas familias pasa lo mismo: el niño autista necesita más apoyo, más estructura, más acompañamiento… y sin darte cuenta, el resto empieza a adaptarse en silencio. Y ahí aparece una mezcla rara: orgullo, amor, paciencia… pero también celos, enfado, vergüenza, cansancio y una pregunta que a veces duele decir en voz alta: “¿Y yo dónde quedo?”.
Este post no es para culpabilizarte. Es para darte un mapa claro: qué les pasa a los hermanos, qué señales te están pidiendo ayuda sin decirlo, y qué cosas concretas puedes hacer en casa para cuidar el vínculo y que nadie sienta que sobra.
Lo primero: los hermanos también lo viven (aunque no lo digan)
Los hermanos neurotípicos suelen crecer con “doble carga”: quieren a su hermano autista, lo defienden, lo entienden cada vez más… pero también conviven con situaciones que para otros niños no existen: crisis en casa, planes que se cancelan, reglas adaptadas, tensión en público, conversaciones de adultos, terapias, reuniones con el cole, miradas ajenas.
Y a veces se les cuela una idea peligrosa: “si yo no molesto, todo irá mejor”. Se vuelven “buenísimos”, complacientes, responsables antes de tiempo. Por fuera parecen fuertes… por dentro se están tragando mucho.
Esto es importante: que no se quejen no significa que no les afecte. A veces significa justo lo contrario.
Señales típicas de que un hermano se está cargando (sin decirlo)
- Conductas regresivas: vuelve a hacerse pis, se infantiliza, pide dormir contigo.
- Rabietas “aparentemente tontas” por cosas pequeñas (suelen ser acumulación).
- Hiperexigencia: quiere hacerlo todo perfecto para no dar trabajo.
- Desconexión: se aísla, se va a su habitación, se engancha a pantallas más de lo normal.
- Vergüenza o evitación social: “no quiero llevar amigos a casa”, “no quiero ir con vosotros”.
- Frases que duelen: “siempre es por él”, “a mí nadie me mira”, “ojalá fuera normal”.
Si ves estas señales, no significa que estés fallando. Significa que toca ajustar el sistema familiar para repartir oxígeno.
Un cambio de mentalidad que ayuda muchísimo: equidad, no igualdad
En estas familias, la igualdad literal (“todo exactamente igual para los dos”) suele ser imposible. Y forzarla solo crea frustración. Lo que buscamos es equidad: que cada hijo reciba lo que necesita para estar bien, y que el hermano neurotípico sienta que también importa, también cuenta y también tiene derecho a espacio.
Una frase que suele aliviar: “No os trato igual porque no necesitáis lo mismo, pero os quiero y os cuido a los dos.”
10 ideas para fortalecer su vínculo (y cuidar al hermano neurotípico)
Te dejo 10 ideas muy prácticas. No para hacerlas todas a la vez, sino para que elijas 2–3 y empieces por ahí.
1) Tiempo exclusivo (aunque sea pequeño)
No hace falta un plan enorme. Hace falta certeza. Un rato semanal (o dos ratitos cortos) donde el hermano neurotípico tenga a mamá/papá “solo para él/ella”. 15–20 minutos bien puestos valen oro si son intocables: sin móvil, sin interrupciones, sin “espera que tu hermano…”.
2) Validar emociones sin corregirlas
Si dice “me da rabia” o “me da vergüenza”, no corrijas con moralina (“¡cómo dices eso!”). Respira y valida: “Lo entiendo. A veces es difícil”. Validar no significa permitir faltas de respeto: significa que puede sentir sin miedo.
3) Explicar el autismo con palabras que sí pueda entender
Los niños se inventan explicaciones si no se las damos. Y a veces se culpan (“seguro que lo pongo nervioso”). Mejor una explicación simple y repetible:
- “Su cerebro funciona distinto.”
- “A veces el ruido/letras/cambios le desbordan.”
- “No es culpa tuya. No es culpa suya.”
Si necesitas una guía para explicar el autismo a la familia (y que todos remen igual), este post te puede ayudar a ponerlo fácil: Cómo explico a mi familia que mi hijo es autista.
4) Darle “poder” en cosas pequeñas (sin convertirlo en cuidador)
Una cosa es que participe y se sienta parte; otra es convertirlo en mini-adulto. Puedes darle opciones pequeñas: elegir el juego, preparar una tarjeta visual, escoger música de calma… pero sin cargarle responsabilidad emocional (“tú lo tranquilizas”). El adulto eres tú.
5) Protegerle del rol de “hermano perfecto”
Hay hermanos neurotípicos que se vuelven “los buenos” para compensar. Está bien reconocer su madurez, pero ojo con reforzar el patrón (“qué bien tú, que no das problemas”). Mejor: “Gracias por ayudar, pero tú también puedes enfadarte, cansarte y pedir cosas”.
6) Ritual de conexión entre hermanos
Un ritual sencillo que sea suyo: un cuento juntos, un juego de cartas corto, un vídeo de risas, una canción, una rutina antes de dormir. Algo que no dependa del estado del día. Los rituales crean vínculo porque dan seguridad.
7) Anticipar a los dos (no solo al niño autista)
Muchas familias anticipan solo al niño autista, y el hermano neurotípico va “a remolque”. Prueba a anticipar también al otro: “Hoy puede haber ruido / puede que nos vayamos antes / si pasa X, hacemos Y”. Esto reduce ansiedad y sensación de caos.
Si en tu casa la anticipación visual cambia el día, este recurso suele encajar muy bien: El calendario visual que ayuda a regular a tu hijo.
8) Poner límites claros al entorno (familia, visitas, amigos)
El hermano neurotípico sufre mucho cuando la gente juzga o comenta. Protege el ambiente con límites simples: “No se hacen comentarios delante de los niños”, “no comparamos”, “no opinamos de su conducta”. Y si alguien insiste, cortas tú. Eso da una sensación de seguridad brutal.
9) Plan de “crisis” que incluya al hermano
Esto es clave. Cuando hay crisis, el hermano suele quedarse: asustado, enfadado, bloqueado o invisible. Haced un plan sencillo:
- Dónde se coloca (su “zona segura”).
- Qué puede hacer (auriculares, habitación, juego tranquilo).
- Qué NO es su responsabilidad (no calmar, no aguantar insultos, no mediar).
- Una frase que le diga el adulto: “Estoy aquí. Tú estás a salvo.”
Y si necesitas afinar la mirada entre crisis y rabieta (para ti, para el cole, y también para explicarlo en casa), aquí lo tienes: Cómo distinguir una crisis de una rabieta en el autismo.
10) Buscar tribu (para ti y para ellos)
La soledad lo empeora todo. Cuando no tienes con quién hablar, lo sostienes con el cuerpo. Y cuando tú estás al límite, es más difícil ver al otro hijo. Si te sientes sola/o criando, este post lo explica con mucha verdad: Si estás criando en soledad, esta tribu es para ti.
Dos errores muy comunes (y cómo cambiarlos sin culpa)
Error 1: “A ti te lo explico porque tú entiendes”
Claro que entiende… pero entender no significa que no le duela. Si el hermano siempre es el “comprensivo”, se queda sin derecho a estar mal. Cambia el enfoque: “Sé que entiendes, pero también es difícil. ¿Cómo estás tú con esto?”.
Error 2: Comparar sin querer
“Mira qué bien tú, que no haces…” o “deberías ser como tu hermana”. Aunque sea con buena intención, esto deja huella. Mejor comparaciones con el pasado propio: “Hace unos meses esto te costaba más, y mira ahora”.
Cómo hablar con el hermano según la edad (sin hacerlo un discurso)
Si tiene 3–6 años: explicaciones cortas y concretas. “A veces su cuerpo se desborda. No es culpa tuya. Yo me ocupo.”
Si tiene 7–11 años: ya puede entender necesidades sensoriales y ajustes. “El ruido le duele / los cambios le cuestan / necesita anticipación”. También puede ayudar darle frases para fuera: “Mi hermano es autista y a veces se regula así”.
Si es adolescente: aquí suele aparecer el peso social. No minimices. Pregunta directo: “¿Te da vergüenza? ¿Te preocupa lo que piensen?”. Y valida. Luego buscáis estrategias: planes alternativos, espacios propios, y límites con el entorno.
¿Cuándo conviene pedir ayuda externa?
Hay momentos en los que una familia necesita apoyo profesional (y no pasa nada). Pide ayuda si ves:
- Ansiedad intensa o somatizaciones (dolor de barriga, insomnio).
- Tristeza persistente o aislamiento.
- Conductas agresivas repetidas o miedo en casa.
- Frases tipo “ojalá no estuviera aquí” o “me da igual todo”.
A veces una intervención breve con un/a psicólogo/a infantil o familiar ayuda a ordenar muchísimo: a que el hermano tenga un espacio propio y a que tú tengas herramientas sin cargarlo todo sobre tus hombros.
Cierre
Criar con autismo en casa es un mar con olas grandes. Y en ese mar, el hermano neurotípico a veces aprende a nadar antes de tiempo. Tu trabajo no es que “no le afecte”. Tu trabajo es que no lo viva en silencio, que se sienta visto, querido y protegido.
Y si hoy solo te llevas una idea, que sea esta: cuidar a los hermanos neurotípicos no es quitarle nada al niño autista. Es sostener la familia completa. Porque cuando el hermano se siente seguro, también hay más calma en casa. Y esa calma, al final, os cuida a todos.
Pregunta para comentarios: ¿qué es lo que más te preocupa ahora mismo: que el hermano se sienta desplazado, que se cargue de responsabilidades, o que haya tensión entre ellos? Si te apetece, déjalo en una frase (o un ❤️) y te leo.


Deja una respuesta