Si eres madre o padre de un niño autista, seguramente ya has visto más test, informes y valoraciones de las que imaginabas antes de tener hijos. Escalas, percentiles, “por debajo de la media”, “ya no entra en rango”, “no cumple el criterio X”.
Los tests pueden servir para algunas cosas, pero hay algo que ningún cuestionario va a ver por ti: cómo está tu hijo en su día a día real. Y ahí tú eres quien más sabe.
En este día del Mes de la Felicidad Autista vamos a hacer una propuesta sencilla y a la vez muy potente: volver a observar a tu hijo sin test de por medio. Mirarle como persona, no como informe. Leer su cuerpo, su cara, sus gestos, sus intereses. Y usar esa información para tomar decisiones que protejan su bienestar.
👀 No necesitas un formulario para saber si está bien
Cuando dependemos solo de lo que dice un papel, corremos un riesgo: empezar a creer que lo que importa es si “sube” o “baja” en la escala, no cómo se siente en casa, en el cole o en su propio cuerpo.
Pero la verdad es que tú ves cosas que ningún profesional ve:
- Cómo llega después del colegio: si viene tenso, apagado, hiperactivo o en calma.
- Cuándo se relaja de verdad y cuándo solo “aguanta” porque no le queda otra.
- Cuánto tarda en dormir, cómo se despierta, cómo está los fines de semana.
- Qué cosas le iluminan la cara y cuáles se la apagan al segundo.
- Qué temas, personas o lugares le dan paz y cuáles le ponen en modo alarma.
Eso no lo mide ningún test, y sin embargo es la base de su calidad de vida.
💚 Señales de bienestar que puedes observar en casa
No hace falta que todo sea perfecto para decir que tu hijo está relativamente bien. Pero sí hay pequeñas señales que suelen indicar que su sistema nervioso tiene, al menos, algunos ratos de calma y disfrute:
- Tiene momentos de juego o actividad en los que se le ve realmente metido y a gusto, sin estar pendiente todo el rato de lo que pasa alrededor.
- Puede reírse con cosas que le gustan (aunque no sean las típicas que entienden los demás).
- En casa tiene al menos un espacio o actividad donde se nota que baja la guardia: su cuarto, el sofá, los dibujos, el tablet, los trenes, el agua, el perro…
- Hay personas con las que se siente suficientemente seguro como para mostrar sus intereses, sus estereotipias, sus miedos y sus enfados.
- Recupera algo de energía cuando descansa: quizá no vuelve fresco como una rosa, pero al menos se le ve menos tenso después de sus ratos de calma.
Estas pequeñas cosas valen más que muchos numeritos en un informe.
🚨 Señales de alerta que te dicen “algo no va bien”
Tampoco hace falta un test para saber que tu hijo está yendo más allá de lo que puede aguantar. Algunas señales que conviene tomar muy en serio son:
- Está casi siempre al límite: irritable, a punto de explotar, con ataques de llanto o rabia por cosas pequeñas.
- Ha dejado de disfrutar de cosas que antes le encantaban o las pide mucho menos.
- El sueño se ha vuelto una batalla: le cuesta muchísimo dormirse, se despierta muchas veces o se despierta muy alterado.
- Ves más conductas de autoagresión o de daño (morderse, golpearse, tirarse al suelo con fuerza, apretarse demasiado).
- Notas que vive en un estado de tensión constante, incluso en casa: hipervigilancia, sobresaltos, estar siempre “de punta”.
Esto no significa que estés fallando. Significa que su sistema nervioso está diciendo “no puedo más” y necesita cambios: menos exigencias, más pausas, más apoyos, más ajustes en el entorno.
📓 Cómo usar la observación para tomar decisiones mejores
Observar sin test no es “mirar y ya está”. Puedes convertirlo en una herramienta muy concreta:
- Apunta durante unos días cuándo le ves más tranquilo y cuándo peor: lugares, personas, actividades, horarios. Verás patrones que a veces no se ven en el día a día.
- Pregúntate qué pasa justo antes de las crisis: ruido, cambios de planes, demandas sociales, cansancio, hambre… muchas “malas conductas” son reacciones a algo que se repite.
- Anota también los pequeños momentos de alegría: qué está haciendo, con quién, cómo es el ambiente. Ahí tienes pistas de lo que conviene multiplicar.
- Lleva estas observaciones a las reuniones con el cole o con profesionales: no solo “se porta mal” o “tiene muchas rabietas”, sino “cuando hay patio ruidoso + clase sin pausa, llega a casa así”.
Cuando te presentas con ejemplos concretos y no solo con etiquetas, es mucho más fácil que el entorno entienda que no estás exagerando y que hace falta cambiar cosas.
🧡 Mirarle como hijo, no como expediente
Los tests van y vienen. Cambian los criterios, cambian las escalas, cambian las modas. Lo que no cambia es lo que tu hijo necesita para estar bien: sentirse querido, comprendido y protegido en un mundo que muchas veces va demasiado rápido para él.
Observar sin test no significa ignorar diagnósticos o informes. Significa recordar que el centro de la película no es el papel, es la persona. Que el objetivo no es “mejorar puntuaciones”, sino mejorar su calidad de vida.
Si cada vez que el mundo te pida un número tú vuelves a casa y te preguntas “¿cómo está de verdad?” y “¿qué puedo ajustar para que su día sea un poco más llevadero?”, estarás usando la herramienta más poderosa que existe: tu mirada atenta y tu decisión de ponerte de su lado.


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