Ley de Dependencia (PECEF, PVS y Asistencia Personal)

Si estás buscando ayudas para familias con hijos autistas, es muy probable que la Ley de Dependencia aparezca una y otra vez. Y entiendo por qué: cuando una familia sostiene apoyos diarios (supervisión, seguridad, higiene, alimentación, rutinas, salidas, terapia, colegio…), llega un punto en el que no se trata de “hacerlo mejor”, sino de no hacerlo sola.

Esta guía está pensada para ayudarte a entender la Ley de Dependencia sin perderte: qué es, qué grados existen, qué tipo de ayudas incluye y cómo se solicita paso a paso. También te explico con cuidado las tres prestaciones económicas que más dudas generan: PECEF (cuidados en el entorno familiar), PVS (prestación vinculada al servicio) y Asistencia Personal. Y al final te dejo enlaces oficiales para contrastar (porque esto cambia por comunidades y no conviene basarse solo en “me han dicho”).

Qué es la Ley de Dependencia y qué cubre

La Ley de Dependencia es la forma “cotidiana” de referirnos a la Ley 39/2006, que crea el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). Es un sistema público de protección que reconoce el derecho a recibir servicios y/o prestaciones económicas cuando una persona necesita apoyos importantes para las actividades básicas de la vida diaria.

  • No depende de tener un diagnóstico concreto, sino de cómo impacta en el día a día y cuánta ayuda se necesita.
  • Se gestiona por Comunidades Autónomas. La ley es estatal, pero la tramitación, plazos, intensidad de servicios y compatibilidades pueden variar según tu comunidad.

Si quieres ver el mapa completo de ayudas por temática (educación, fiscalidad, dependencia, movilidad, vivienda…), lo tienes aquí: Ayudas para familias con hijos autistas (guía principal).

Quién puede solicitarla y por qué puede ser útil en autismo

La Dependencia puede solicitarla cualquier persona (también menores) que, por edad, enfermedad o discapacidad, necesite apoyos para la vida diaria. En familias con autismo, suele ser especialmente útil cuando hay:

  • necesidad de supervisión constante por seguridad (fugas, peligros, conductas de riesgo),
  • dificultad importante en autocuidado (higiene, vestido, alimentación),
  • apoyos relevantes para comunicación y comprensión en lo cotidiano,
  • gran impacto en rutinas y participación (salidas, colegio, descanso),
  • o un desgaste familiar donde hace falta red, respiro o apoyos profesionales.

Ojo: que sea útil no significa que sea “rápido”. Por eso es tan importante pedirla con buen expediente y, si podéis, no esperar a estar al límite.

Grados de dependencia y cómo se valoran

La Dependencia se reconoce en grados (habitualmente Grado I, II y III) según la necesidad de apoyo. Para determinarlo, se aplica un baremo oficial aprobado por normativa estatal, con instrucciones y protocolo de valoración. Puedes consultarlo aquí: BOE – Real Decreto 174/2011 (baremo de valoración de dependencia).

Lo que se valora no es “si tiene autismo”, sino qué necesita para funcionar: apoyo para comer, asearse, vestirse, moverse, orientarse, entender y ejecutar tareas, mantener seguridad, etc. La valoración suele hacerse mediante entrevista y observación, y se apoya en informes.

Menores: un punto importante

En menores (y especialmente en menores de 3 años) se aplican criterios específicos. Por eso conviene aportar informes muy claros y describir con ejemplos cotidianos qué apoyos necesita comparado con lo esperable por edad.

Qué puntúa en el baremo (explicado “en humano”)

Esta es la parte que más confunde: el baremo no “puntúa autismo”. Puntúa necesidad de ayuda en actividades concretas y, sobre todo, la frecuencia y el tipo de apoyo (supervisión, ayuda parcial, ayuda total).

En la práctica, lo que más suele “mover la aguja” en muchas familias es:

  • Autocuidado: lavarse, higiene íntima, ducha, cepillado, vestirse, ponerse zapatos, etc.
  • Alimentación: comer solo, usar cubiertos, beber sin riesgo, necesidad de ayuda constante o supervisión.
  • Seguridad y supervisión: riesgo de fuga, no identificar peligros (tráfico, fuego, alturas), conductas de riesgo o impulsividad que obligan a vigilancia continua.
  • Comprensión y ejecución: necesitar guía constante para entender rutinas básicas o completar pasos (por ejemplo, “ir al baño” con todos los pasos).
  • Orientación y autonomía fuera de casa: incapacidad de desplazarse con seguridad o participar sin un adulto por riesgo o desregulación.
  • Conducta y regulación que afecta a la vida diaria: no por “portarse mal”, sino porque obliga a adaptar todo (salidas, higiene, sueño, colegio, cuidado de hermanos, etc.).

Importante: no ayuda decir “tiene crisis”. Ayuda describir qué pasa y qué apoyo requiere: “necesita supervisión 1:1 en la calle por intentos de fuga”, “no puede completar higiene sin ayuda total”, “requiere anticipación y guía paso a paso para cualquier cambio de actividad”, etc.

Qué diferencia un grado de otro

Sin entrar en tecnicismos, la diferencia suele verse así:

  • Grado I (dependencia moderada): necesita ayuda para algunas actividades o apoyo intermitente. Puede hacer partes, pero no sostenerlo de forma autónoma y segura de manera estable.
  • Grado II (dependencia severa): necesita ayuda frecuente para varias actividades básicas y/o supervisión intensa. El día a día exige apoyos constantes para que funcione.
  • Grado III (gran dependencia): necesita ayuda continuada o supervisión prácticamente constante para actividades básicas y seguridad. Aquí suele haber una necesidad de apoyo muy alta y sostenida.

Piensa en esto como una pregunta práctica (no moral): ¿cuántas áreas requieren apoyo y cuán continuo debe ser ese apoyo para que haya seguridad y vida diaria posible?

Qué ayudas incluye el SAAD

Una vez reconocido el grado, se pasa a lo que realmente importa: qué apoyos concretos se asignan. El SAAD incluye servicios y prestaciones económicas. Información general oficial: IMSERSO – Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD).

1) Servicios (cuando hay disponibilidad)

Los servicios pueden incluir, según territorio y recursos:

  • Prevención de la dependencia y promoción de la autonomía personal (programas y apoyos para ganar habilidades y participación).
  • Teleasistencia (más habitual en adultos, pero depende del caso).
  • Ayuda a domicilio (apoyo en tareas del hogar y/o cuidados personales, según intensidad).
  • Centro de día / centro ocupacional / recursos de atención diurna (según edad y perfil).
  • Atención residencial (cuando procede, y según criterios).

En familias con peques, lo más frecuente es que se busquen apoyos que permitan sostener el día a día: horas de ayuda, recursos de día, programas de autonomía o respiro.

2) Prestaciones económicas: PECEF, PVS y Asistencia Personal

Aquí suele estar la mayor confusión. Te lo explico sin adornos:

  • PECEF: prestación económica para cuidados en el entorno familiar.
  • PVS: prestación económica vinculada al servicio (cuando no hay plaza/servicio público adecuado y se recurre a un recurso acreditado).
  • Asistencia Personal: ayuda económica destinada a contratar asistencia personal para promover autonomía y participación.

La elección real depende de: recursos disponibles en tu zona, edad, grado, compatibilidades en tu comunidad y, sobre todo, del plan que se apruebe en el PIA (Programa Individual de Atención).

PECEF: cuidados en el entorno familiar

La PECEF es una prestación económica vinculada a que los cuidados los realice principalmente el entorno cercano. Traducido: “la familia cuida y recibe una compensación”.

¿Cuándo suele aparecer?

  • cuando el servicio público no llega o no encaja,
  • cuando el cuidado principal lo realiza la familia,
  • y cuando el PIA lo define como opción adecuada dentro del sistema.

Ojo: la cuantía y requisitos concretos varían por comunidad y por situación familiar. Por eso, cuando veas importes “en internet”, tómalo como orientativo y confirma siempre con tu administración.

PVS: prestación vinculada al servicio

La PVS se utiliza cuando no hay un servicio público disponible o adecuado y la familia contrata un recurso (normalmente acreditado). El sistema, en esos casos, concede una ayuda económica vinculada a ese servicio.

Esta prestación suele ser muy relevante cuando:

  • necesitas un servicio concreto (por ejemplo, atención diurna o apoyo profesional) y no hay plaza,
  • existe un centro/servicio acreditado que sí encaja,
  • y la administración lo contempla dentro del PIA.

Asistencia Personal: una de las más potentes (y a veces menos usada)

La prestación económica de asistencia personal tiene como finalidad promover autonomía y facilitar participación (educación, trabajo, vida más autónoma) mediante la contratación de una persona asistente durante un número de horas. Información oficial aquí: IMSERSO – Prestación económica de asistencia personal.

En la práctica, la asistencia personal puede ser una pieza clave cuando el objetivo es que la persona (niño/adolescente/adulto) pueda:

  • participar en actividades con apoyo,
  • ganar autonomía real en contextos cotidianos,
  • reducir sobrecarga familiar sin “institucionalizar”,
  • y sostener rutinas fuera de casa con apoyos consistentes.

No todas las comunidades la desarrollan igual ni la conceden con la misma facilidad, pero si encaja con vuestro proyecto de vida, merece la pena preguntar por ella de forma explícita.

Cómo se solicita paso a paso (sin perderte)

Aunque cada comunidad tiene su portal y su procedimiento, el camino suele seguir este orden:

  1. Solicitud en servicios sociales/organismo competente de tu comunidad.
  2. Aportación de documentación (identidad, empadronamiento, informes, etc.).
  3. Valoración en domicilio o cita con el equipo valorador.
  4. Resolución de grado.
  5. PIA (Programa Individual de Atención): aquí se decide qué recursos concretos se asignan (servicios y/o prestaciones).
  6. Inicio del recurso o concesión de prestación económica, según corresponda.

Lo más importante: muchas familias se centran solo en “que me den el grado”, pero lo que cambia la vida es el PIA bien planteado. Ahí es donde conviene tener claro qué necesitáis: horas, servicio, respiro, autonomía, apoyo en participación…

Documentación y trucos para que el expediente no se quede cojo

En dependencia, los informes marcan la diferencia. No por “dramatizar”, sino por describir lo real con claridad.

  • Informe clínico actualizado (neuropediatría/psiquiatría infantil/pediatría, según el caso).
  • Informe funcional (lo que necesita en vida diaria): terapia ocupacional, logopedia, centro educativo, etc., si existe.
  • Ejemplos cotidianos concretos: seguridad, higiene, alimentación, comprensión, riesgo de fuga, tolerancia a cambios, necesidad de supervisión para tareas básicas.
  • En menores: especificar claramente qué apoyos superan lo esperable por edad y por qué.

Consejo práctico: prepara una “lista de apoyos” antes de la valoración. No para leer un discurso, sino para no olvidar lo importante cuando estás nerviosa o cansada.

Plazos, compatibilidades y revisiones

Los plazos pueden variar mucho por comunidad y por carga del sistema. Además, las compatibilidades entre servicios y prestaciones pueden cambiar según normativa autonómica y reformas. Por eso, si un “te han dicho que no se puede” te deja con dudas, pide la base normativa o consulta el portal oficial de tu comunidad.

Sobre revisiones: el grado puede revisarse por cambio de situación o por los plazos que establezca el órgano de valoración (en menores hay revisiones previstas de oficio en determinados periodos).

Qué hacer si te la deniegan o no estás de acuerdo

Si hay denegación o el grado/PIA no refleja la realidad, lo más importante es no quedarse en “me han dicho que no”. Habitualmente existen vías de:

  • reclamación o alegaciones en plazo,
  • aportación de informes complementarios,
  • y, si procede, revisión por agravamiento/cambio.

Aquí ayuda mucho tener informes funcionales claros (no solo diagnóstico). Y, si puedes, apoyo de trabajo social o entidades especializadas de tu zona.

Enlaces oficiales para contrastar (recomendado)

Te puede ayudar

Cierre

La Ley de Dependencia no es una varita mágica, pero sí puede ser un antes y un después cuando se traduce en apoyos reales: servicio, respiro, asistencia personal o prestaciones que os permitan sostener la vida sin vivir en modo supervivencia.

Y si quieres quedarte con una frase útil: dentro de las ayudas para familias con hijos autistas, la Ley de Dependencia funciona mejor cuando el expediente describe con claridad la necesidad de apoyos en lo cotidiano y el PIA se plantea con objetivos realistas de vida.

Si te apetece, cuéntame en comentarios (sin datos sensibles): ¿en qué punto estás (solicitud, valoración, esperando resolución, PIA)? ¿Y qué es lo que más necesitáis ahora mismo: horas de apoyo en casa, respiro, un recurso de día, o asistencia personal? Con esas dos pistas puedo orientarte mejor.